La vida es lo pasa frente a ti con la distancia que recorres entre la velocidad con que cubres esa distancia. Eso es el tiempo y la vida es eso, el tiempo que hay entre el momento en que tu mamá te saca de entre sus piernas y el tiempo en que terminas como comida de peces, en forma de cenizas. Es ley de vida, de hecho es la ley número uno de la vida, todos nos vamos a morir. Entonces el tiempo debemos utilizarlo lo mejor posible porque tiempo es dinero. Desde pequeño me enseñaron a no irme a la escuela sin tender mi cama, a desayunar, porque es el alimento más importante del día y llegar puntual a donde sea que vaya, por lo menos 15 minutos antes, porque eso deja mucho que decir de una persona. La puntualidad es un buen atributo, ante los ojos de mi mamá.
Y esa enseñanza me quedó clara, tan clara que la aplico día a día en todo lo que pasa a mi alrededor, incluso con personas que conozco. Van tres personas, tres chicas en diferente época de mi vida, chicas muy importantes para mí que me han dicho “ojalá te hubiera conocido en otro momento, llegaste muy temprano a mi vida” y pues, es una de mis grandes virtudes, estar listo 15 minutos antes de la hora. Luego de darme cuenta de este pequeño problema que pasaba mi vida con mujeres fuera de serie que pudieron ser The One, pensé “bueno, si he llegado antes de tiempo, qué tal si llego unos minutos más tarde” fue así que me gané unas rayas rojas en mi hoja de asistencia y un escrito en la sección de observaciones que dice No firmó ya que comencé a llegar entro 8 a 10 minutos tarde al trabajo, para ver si la vida me llevaba por otro camino y efectivamente lo hizo, se me olvidó firmar por 3 días seguidos la hoja de asistencia y presiento que la vida me llevará muy pronto a firmar un Warning por eso, por lo que volví a cambiar mi modus operandi.
El verdadero poder siempre se encuentra en el tiempo presente. Si aprendes a tener claro tu presente entonces podrás ver claramente tu futuro, pensé. Los pensamientos son abstractos, a veces, hablarlos, decir lo que piensas o decirlo lo que sientes en voz alta, aunque sólo te lo digas a ti , te obliga a codificarlo y cuando te oyes a ti mismo decir esas cosas que piensas o sientes, todo parece más claro y comprendes mucho mejor. A veces es muy sano decir las cosas en voz alta, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestros anhelos; y también es muy bueno contestarnos en voz alta, porque así nos entendemos mejor. Y cuando menos te das cuenta, estás entablando una conversación encantadora contigo mismo, y descubres que te caes bien ¡tan bien! Y que eres bien simpático – ¡ay! Yo me caigo re-bien. Porque al final, descubrir eso es tan fácil como calcular (t=d/v).
YO