Creo que esta felicidad que tengo desde ayer, felicidad inexplicable, tengo que utilizarla más seguido. Alguien me escribió que necesita estar contenta y llena de energía siempre. Yo, no necesariamente y menos cuando me acuesto a las 3 de la mañana en días de trabajo para el siguiente día madrugar a las 7:30 am.
Ayer terminé y entregué mi primer proyecto en el departamento de Bioseguridad de Puerto Rico. Me han dicho en ocasiones algunas chicas que sonrío medio interesante. Nunca lo he creído ni tomado en cuenta, pero cuando entraba a la oficina donde estaba realizando mi mágia al crear aplicaciones GIS, iba riéndome de lo que me contaba el encargado. A la salida, feliz por hacer mi trabajo de 80 horas exitosamente, una chica de unos 27 años, vestida de oficina me detiene y me dice: “te han dicho alguna vez que tienes una linda sonrisa? porque la tienes”.
Me quedo pasmado viéndola. Estoy seguro que dentro de mi color extremadamente moreno por tanto sol de olas, se notaba mi color rojo y mi pachó. Le digo gracias y salgo corriendo apenado (Bien nena, lo acepto, pero en realidad no salí corriendo, pero lo rojo estoy seguro que sí).
Los halagos nos elevan el ego vengan de quienes vengan. Recuerdo mis primero años de universidad, cuando iba a los bares gay con mis amigos. Era justo, si mis amigos gay iban con nosotros a bares de avenida Universidad, nosotros debíamos ir con ellos a bares ellos quisieran.
Que hombres te pasen su número de teléfono en servilletas o se acerquen a hablarte y te digan “eres cute” te hace sentir bien. No es que a mí me gusten los hombres ni mucho menos, habiendo tanta vieja buena en este país y además me encantan las chichis demasiado como para yo fijarme en hombres, pero hay un ego placentero en que te digan que estás por lo menos pasable, que se fijen en ti. Ya sea por tu sonrisa (según algunas), tu color de cabello extremadamente negro, tu sentido del humor, tu bobería, tu estupidez o tu ex acento norteño mexicano.
Aprendiendo a sonreír más…
YO