Para lo nuevo…

He estado intentado convencerme que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer. Puede resultar doloroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase a nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Evolucionar constituye una infidelidad a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Cada día debería tener al menos una infidelidad esencial, una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, garantizaría la fe en el futuro. Una afirmación de que las cosas pueden ser no solo diferentes, sino mejores.

Había días en que no quería salir de casa, pero cuando lo hacía, nunca quería volver. “Dicen que el tiempo que tardas en recuperarte de una ruptura es exactamente la mitad del tiempo que ha durado la relación, lo leí en una revista. ¿Cuánto tiempo estuviste con ella?” “cuatro años” “es una pelotuda completa”

No podía dejar de pensar en ella. Muchas veces se preguntaba dónde estaría. Se la imaginaba haciendo lo mismo que él. También imaginaba que se la encontraba por casualidad. La idea le daba miedo y al mismo tiempo le gustaba.

Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, mayor es la voz que nos incita al regreso. Esta sentencia puede parecer un lugar común, sin embargo es falsa. El ser humano envejece, el final se acerca, cada instante pasa a ser más apreciado y no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgia. Esta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud. Cuando el volumen de la vida pasada es todavía insignificante. Él tenía la sensación de que todo lo que leía tenía que ver con él. Lo mismo le pasaba con la música, de pronto le gustaban canciones que hasta el momento le parecían ridículas.

Network password: aqpi-ni35-ax8z