Regresaba de volar, de salir del azul profundo, de regreso a San Juan. Me encuentro a Nereida y al científico en la entrada de la casa, platicando. Me paro y comienzo a preguntarle al científico sobre el proyecto de la NASA en el que está, de cómo se va a aplicar eso a Puerto Rico y cómo estaban las cosas para su regreso a la UPI como héroe boricua. Entonces, Nereida, una señora de más de 70 años con problemas visuales severos que debe poner el periódico a 10 centímetros de distancia de sus ojos para leer, me ve parado y me dice Mira, debes bajar esa panza. Un hombre joven con panza no se ve bien, ponte a correr, a caminar, mira a ver, Doña Gloria, con 93 años va a la pista a caminar. Una señora que no ve, me vio…panzón. Entonces, recordé la moda de los fofisanos. Le digo un discurso alentador, bonito por demás, inspirador, ocurrente, leído de algún lado seguramente. Nereida, necesito que sepa algo. Los hombres imperfectos somos increíblemente perfectos cuando nos atrevemos a ser imperfectos. Cuando nos atrevemos a ser quiene nos de la gana de ser; cuando nos atrevemos a ser, sin más ni menos, a ser… Porque ser imperfecto nos hace únicos, Nereida, nos hace a nosotros, al mundo, seres LIBRES y esta pancita es sexy. Mira muchachito del demonio, te vas a caminar que no te quiero con panza y punto. Está bien, está bien, mañana regreso al gimnasio.
Así que, una señora que prácticamente no ve, me vio. Ella no cree en los fofisanos y mucho menos en los discursos bonitos. Aunque pensandolo bien, si ella no ve, tampoco la panza debe estar tan jodida…o sí, porque la vio. Whateva!
YO