Si algo había aprendido es que no se puede exigir amor de nadie. Sólo se puede dar buenas razones para ser querido…

Él sabía que la soledad no mataba, que tan sólo los solitarios se morían. Él había aprendido a moverse por la ciudad prendido por un inmenso monólogo interno, al que iba engrapando pedazos de paisajes urbanos, adornos citadinos, rostros, voces, ruidos, manchas de colores, impresiones.

Sin saber cómo, volvió al centro de todo, en horas de tiendas, compras, cláxones, luces y más luces. Se sentía arropado en el tumulto; anónimo en el bullicio concentraba su fuerza en el interior de su cabeza.   La realidad era real aunque no lo pareciera. Últimamente andoba muy raro. Cada vez entendía menos a la gente. Mal de la Isla. Es como una mezcla de polvos del Sahara y sal.

“Pero si soy bonita”. La belleza ya no le sorprendía, si fuera por eso  el 80% de las boricuas serían una posible pareja. Se había acostumbrado a ver mujeres lindas por doquier. Pero tiene que haber más, existir otros atributos, atributos como persona y una masa encefálica de gran tamaño. Eso es lo importante, la belleza está en todos lados. Si algo había aprendido es que no se puede exigir amor de nadie. Sólo se puede dar buenas razones para ser querido…y tener paciencia para que la vida haga el resto.

YO