Luchando con Demonios

Nunca he sido fanático de los libros de superación personal.  Quise saber por qué son tan gustados y dije, algo debe tener este Paulo Coelho, algo que lo distinga de Arjona. Leí dos ellos, el tercero, al terminar la tercera página lo cerré, lo puse en el piso, lo pateé y lo dejé ahí, en medio de la calle. Dos días después, seguía ahí. Tampoco soy creyente de ir a psicólogos. Si yo no sé qué quiero, cómo me siento o por qué estoy así, cómo puedo esperar que alguien que no está en mi situación y no me conoce sepa o decida por mí. Además, en la primera universidad y en la segunda siempre escuché el rumor de que quienes estudian psicología les falta un tornillo. Probablemente esta es la razón por lo cual tardé tanto en llegar a este 25% del 100 que quiero para mi vida. ¿Quién puede comprender mejor por lo que pasa alguien que está perdiendo un tornillo si no otro que ya lo tiene perdido? Esto es la perfección de la locura, la unión de fuerzas.

Que pude tener una vida fácil, con mucho tiempo libre y dinero por trabajar como ingeniero para el gobierno federal en México, sí, pero eso no me llenaría, eso lo supe al rechazar ese puesto dos veces. Desde que llegué a Puerto Rico mi vida ha sido un subir y bajar, tiempos muy buenos y otros no tanto. El ser extranjero puede ser muy útil para unas cosas pero no para otras. Hubo un periodo de caída libre después de terminar la maestría. Por alguna razón el universo te pone pruebas, un golpe tras otro, seguidos para ver cuánto aguanta tu espalda, cuantos nudos puedes generar, a ver si rompes el record nudístico existente. Entre crisis de estatus migratorio, problemas con choques, mujeres que rompen corazones con sus lindas manitas, media jornada laboral porque la crisis estaba cabrona, enfermedades, fiascos sexuales con una mujer hermosísima por problemas existentes, querer hacer cosas y no poder por ser mexicano, ser un puto profesional y no aceptar trabajos de tu campo bajo la mesa, gastos de miles de dólares cada año por una visa de trabajo, no poder sacar un celular a tu nombre por ser extranjero, que tengas más de 30 años y que tu estatus legal sea el de un niño de diez, cansa, desgasta, caga y deprime, deprime como pocas cosas.

De tener una vida estable y en tendencia positiva a pasar a una de altibajos, con picos más profundos que los altos que puedas tener me hicieron tocar fondo. Tanto así que estuve meses metido en una crisis existencial peor que la de los 25, 30 o la que dicen que pasa a los 40, a mí creo que se me juntaron todas. Llegué a sentir lástima por mí mismo, un ay bendito retórico y eso sí que da asco.  Al darme cuenta de esto salí de la posición fetal en la que me encontraba, mientras sonaba Confutatis del Requiem en D menor de Mozart. Fue un despertar. Me paré frente al espejo, me vi a los ojos y dije «nadie puede sentir lástima por ti, nunca…y menos tú», estás aquí porque quieres, estás sufriendo por tal mujer porque quieres, te bajaron horas porque no hacen falta analista, pues hazte indispensable, te chocaron, ya comprarás otro, que te puso nervioso semejante mujerona, que se joda…deja de hacerla de pedo, deja de ser tan mamón, deja de ser esa bestia y haz cosas productivas porque como estás es por lo que tú haces.

Hice una lista, fui tachando una a una las cosas que realizaba. Tramites del choque, estudio, pasar primera certificación, hablar abogada, cambio de casa, borra número, cambio de casa, comprar tal cosa…y así. Aunque probablemente el hablar con un Psicólogo y leer otros autores de autoayuda pudieron acortar mi tiempo de “recuperación” hay varias cosas que Puerto Rico me dejará después  de todas estas experiencias luego de agosto. Saber que el Sol o más bien la Tierra cambia su ángulo a través del año, estar más consciente de mi forma de escribir y el haber desarrollado una capacidad resiliente. Porque si tuve una pareja o situación cabrona y esta situación o persona me limita a conocer personas o hacer cosas nuevas por el hecho de que sigo mal o afectado por eso o ella, soy YO quien pierde, porque de seguro mi pareja o mejor dicho ex pareja, o las situaciones siguen su camino, su rumbo, continúan con su momentum y soy yo quien deja pasar la vida, la vida pasa ante mis ojos, que al final es sólo una fórmula física.