Categoría 4

Salía del aeropuerto por la noche, después de dejar resguardado todo el equipo de comunicaciones. Las rachas del aire ya alcanzaban los 211 a 250 km/h o 131 a 155 millas, era un categoría cuatro. La hermana iba hacia su casa pero el huracán categoría cuatro la encontró a medio camino. El carro se movía de un lado a otro, casi volteaba el carro. Encontró un estacionamiento subterráneo donde pensó que estaría a salvo pero el carro seguía moviéndose. El ruido del viento era monstruoso y tenebroso. Una experiencia extrema, sin quererlo. Pasó la noche completa con los ojos abiertos, en el carro, bajo la tienda comercial, esperando a que se alejara. Mientras tanto en la urbanización con vista al mar, sobre el cerro estaba el cuñado con el nuevo, el bebé que acaba de nacer y que de cariño se le llama nuevo porque duró una semana sin nombre dado que llegó de improvisto. Una casa con vitrales, hasta el techo. No había pasado un huracán en su vida y menos un categoría 4. Las protecciones pertinentes no estaban, tampoco sabía la regla de dejar unas ventanas abiertas si no se tiene tormenteras y no se ha puesto “tape” a las ventanas. El nuevo llorando por el sonido del aire, de repente una de las ventanas explota por la presión, el ruido del viento se hace ensordecedor dentro de la casa, todo empieza a volar dentro. La lluvia entra, otra ventana truena el bebé llorando y el cuñado para proteger al nuevo se mete al baño y pasa toda la noche con el bebé entre los brazos recostado en la bañera.

Al siguiente día la destrucción era evidente. Supermercados destruidos, sin luz, agua, teléfono, incomunicados con el mundo porque las carreteras estaban rotas, pasaba un río improvisado sobre ellas. Saqueos, pavor, miedo, toque de queda por los robos. Las autoridades no se dan abasto. Desalojo de los 20 mil turistas en aviones del ejército mexicano. Los amigos del hermano emocionados porque era algo nuevo, una nueva experiencia pasar un huracán. Al siguiente día se querían ir.

YO