La historia del plebeyo encerrado en un reino

Era una noche muy fría, tal vez la más fría de todas las noches.  Un plebeyo poco agraciado, atrapado en una isla marginada por varias millas náuticas de todas las demás naciones se encontraba un poco molesto. Plebeyo, qué buscas en  una mujer para que logre ser tu compañera, además de que sea bonita, le preguntó una chica a la que conocía hace varios años. El plebeyo, que como ya había dicho se encuentra atrapado en este reino marginado de los demás, así como la isla de hierro en Game of Thrones, sintió el comentario como uno en el que le decían superficial. El plebeyo voltea hacia arriba y se le queda viendo al escritor.  Escritor, no sé a dónde vas con esta historia. Plebeyo, déjame escribir. No es que quiera influir en tu historia pero debo decirte mi pensar y sentir. Pues entonces no influyas ni digas nada y déjame seguir narrando. Escritor por favor. Está bien, habla. Gracias escritor, pues resulta que van ya varias chicas que han notado ese patrón,  que las busco bonitas, pero sabes algo escritor, yo no lo busco, pasa. Tú mejor que nadie sabes que en esta isla si tomamos 10 mujeres al azar, 8 de ellas van a ser bonitas. Por lo que hace estadísticamente probable que la mujer que me  vea “atractivo” esté potable, no lo busco,  es mera estadística, claro, para mi suerte.  Alabado, aleluya grita el plebeyo levantando las manos.  Si algo tengo claro escritor,  es que la belleza se va por lo que no es el mayor factor para que yo salga con alguien. No es culpa de ellas ser bonitas, eso es genético. Qué quieres decir con eso plebeyo.  Es fácil escritor, ellas no influyen en su belleza, nacieron así y si le doy mucha importancia a ese atributo estoy dándole poca importancia a atributos que ellas sí crean y trabajan por ellos como el estudiar, desarrollarse profesionalmente, el ser simpáticas, el ser aventureras, el vestir bien, el ser independientes. Ves a lo que me refiero. El escritor se le queda viendo fijamente. Y en un reino donde la gran mayoría de las mujeres son bonitas, es lógico que alguna chica que conozca sea bonita. Te entiendo plebeyo y es interesante tu punto, deja parto de esto.

El plebeyo, que había dado una catedra de genética avanzada, daba vueltas en su mismo lugar tratando de refutar que no era superficial,  aunque en su perfil dijera que NO SALE CON MUJERES QUE NO SON SUPERFICIALES (chiste interno del escritor, o el plebeyo, no sé). Escritor, escritor, qué piensas de esto. Plebeyo, trato de concentrarme. Lo sé pero a lo mejor te ayuda. Sabemos que en un reino donde 8 de cada 10 mujeres aguantan, las estadísticas están a mi favor, cierto. Ajá. Pero sabes algo, todo ser humano reacciona a lo bonito, es natural. Entonces, como seres vivientes y pensantes, admiramos la belleza, por lo menos algo nos debe de gustar de la chica, cierto. Bueno, sí, tienes razón, deben de darte ganas de quitarle la ropa. Exacto escritor. Todo inicia por los ojos, y con las mujeres pasa igual. Todo inicia por la atracción y eso debe existir para comenzar a conocer y ver si es lo que uno busca o no. Por eso digo que es una patraña eso de quédate con quien toca tu alma y no con quien toca tu piel. Primero debe ser cuestión de piel para llegar al alma. No mames escritor, qué profundo estoy. El escritor se ríe a carcajadas sin parar. Bueno, es cierto plebeyo, hay cierta verdad en lo que dices pero hay casos donde una mujer se fija en un hombre feo que no lo atrae y luego sí por otras razones. El plebeyo se le queda viendo con cara de “en serio escritor, cuéntame más” dime un caso escritor, uno en el que la chica salga con alguien que no le atrae nade de nada. El escritor comienza a sudar frío porque la verdad los casos que conoce son por conveniencia, dinero o de verdad le atrae algo de la pareja. Ah, ya sé plebeyo, La Bella y la Bestia, toma! Ay, por favor escritor, eso no cuenta.

El escritor llegó a algunas conclusiones hoy. Que la belleza no es culpa de la mujer, es genético por lo que alguien no debe darle más peso al ponderar. Que es importante sentir una atracción de algún tipo para salir con alguien y que primero se toca la piel para llegar al alma. Y que era bastante estúpido seguir con esta historia por lo que había decidido no hablar del plebeyos sino ahora del príncipe, en la aventura “no está jugando a la difícil, solo que no está tan interesada en ti” porque esta historia había tomado otro rumbo y era mejor olvidarse de ella.

YO

Historia de una foto.

DCIM102GOPRO

La aventura comenzó cuando ella preguntó ¿qué habrá detrás de esa ventana? Hay dos formas de ver la curiosidad, verla como la que mató al gato o como el motivo de cientos de descubrimientos. La misión era llegar a la cima de la ventana. Vamos caminando, descubriendo caminos y creando otros. Abejas, hormigas, lagartijos, insectos rojos en orgías o arbustos con espinas no nos alejaron de nuestro norte. Quince minutos después, y varios arañazos en las piernas, llegamos a nuestro destino. La vista genial, un sur con acantilados, rocas sedimentarias que se caen con el pasar del tiempo y el golpe de la ola. Playas ocultas, imposibles de entrar al menos que tengas una escalera que llegue al cielo. Parados en la punta de la ventana viendo al infinito. Dónde está la ventana entonces. Aquí bajo. ¿En serio? Entonces me entra la curiosidad. Camino a un lado. Mi fobia a las alturas no me deja ver. Estoy como tres pies alejado de la orilla estirando mi cuello lo más posible para ver por la ventana, pero no llego ¿y si me caigo? me doy en la madre, era mi pensamiento. Entonces esta mente loca y mal educada se da cuenta que tiene en la mano una cámara y un palo que crece sin excitación alguna, solo basta quitarle el seguro y agrandarlo. Amarrarlo a la mano y programar a la cámara para tomar fotos automáticas fue el siguiente paso. En los mismos tres pies de la orilla estiro la mano y no, no es posible ver del otro lado de la ventana. Nuevamente el ratón se mueve un poco en esa cabeza inmensa. Me tiro al suelo, pecho a tierra, avanzando como soldado en guerra, atrincherado y protegiéndose de los disparos que pasan sobre él. Dado que estoy pegado al piso hay menos peligro de caerme por algún estúpido mareo alturístico. Saco la mano con el palo estirado y la cámara de lado tirando fotos cada medio segundo. 143 fotos automáticas después, esto fue el mejor resultado de una aventura curiosa al tratar de ver por la ventana.

YO