Siempre salgo a correr por el barrio pero ese día tenía ganas de un cambio así que fui a correr por Condado. Mientras iba corriendo, ya en el kilómetro 4, según me decía la voz del teléfono, frente a mí venia caminando una chica con un trajecito violeta, cabello negro, petite y tatuaje de un escrito en el brazo y un avión de papel. En cuanto sonrió me dio una especie de escalofrío raro. Con ese pequeño detalle entendí que la piel es de quién la eriza. Muy pocas veces pasa que alguien te hace sentir cosas sin ponerte un dedo encima y más raro aún es cuando pasa sin conocerla y eso es admirable. Ese día corrí 6.7 km, nuevo record personal pero a la chica del vestido primaveral nunca le dije que el solo hecho de verla sonreír me produjo goosebumps y eso es imperdonable.
YO