Se había decidido minutos antes que para la cita la comida sería algo altamente saludable ya que se debía nivelar una comida con otra. El equilibrio es importante en la vida, siempre lo he dicho y lo he aprendido. Por eso con mis hamburguesas con queso blanco, tocino y papas fritas siempre pido una Coca Cola de dieta. En esta ocasión, había que equilibrar las chuletas del medio día. La cita iba a ser en un lugar llamado Verde Mesa, en la calle Tetuán del Viejo San Juan.
La calle Tetuán tiene dos extremos, uno bastante feo y oloroso a guácala, en su parte inicial y otro mucho más bonito, pasando paralelo al Paseo la Princesa. Una buena sección de la Tetuán para poner un restaurante como este. Restaurante vegetariano equilibrador. No se puede distinguir muy bien si uno va caminando por la calle, de hecho, no hay forma de ver algo interesante del lugar, el exterior es bastante normal, forma parte de la estructura del edificio. Una vez se abre la puerta para entrar, llegas a otro lugar, mesas raras, lámparas en todos lados, arreglos antiguos, Francia puede ser algo que venga a la mente. Te sientan en una pequeña mesa y te explican el menú. Hay dos opciones, para los vegetarianos de verdad, que no comen derivados de animales ni pescado y los vegetarianos wanna be que le meten al pescado.
Pero claro, dentro de la pretensión, cosas orgánicas, libres de gluten y con mucho antioxidante y pescados capturados en los mares del atlántico norte, salvajes, como debe ser. Nos explican el menú y nos dice con lujo de detalle todo lo que tiene cada uno de los platillos. Como buen no vegetariano, pido un salmón. Hay jugos naturales con fresas y pepinos y hierba buena y piña y naranja natural importada de algún país lejano que sí hace las cosas bien, o por lo menos el precio así nos lo quiere decir. Pero como nosotros somos bien cool, llevamos la bebida a otro nivel poniendo vodka y ron destilado bioquímicamente.
La comida, un pescado de tipo salmón salvaje con unos garbanzos y algo verde que no sé qué era y una salsa de yogur natural hecho por ellos y supongo que tenía algo más que no recuerdo, esa fue mi comida. La primera mordida hizo cerrar los ojos. No sé cómo un pescado hace cerrar los ojos de ese modo. Debe ser que este es salvaje del atlántico norte y los que yo hago son del congelador del supermercado Pueblo. “No mames, tienes que probar esto, chécalo” “qué bueno que te gusta el (no sé cómo se llamaba pero creo que era algo de la India ese ingrediente secreto) me hace feliz porque me gusta mucho (esa cosa que no recuerdo)”.
Un lugar recomendado, de todas las comidas que hay, no puedo hablar, pero de ese salmón de 20 y tantos dólares el plato, está bien cabrón.
YO