Un beso que mate.

Recuerdo mi primer beso… fue un beso apasionado. No recuerdo si antes hubo besos de piquito o de esos besos de niños pequeños, mi memoria falla para las cosas tan pasadas. Hablando de pasadas, de verdad que no recuerdo casi nada de cuando iba en la primaría, sólo algunos Flashbacks raros, pero eso no tiene importancia, lo que importa son los besos.

El beso fue parado frente a un banco, al lado de una calle muy transitada, pero cuando digo transitada es porque pasaban un chingo de carros, por montones. Había o hay una fuente que se mueve al ritmo de la música y tiene luces de colores. A esa hora de tarde nada de eso estaba prendido. Ella estaba en un escalón más arriba que yo, por mi tamaño pettite es fácil que cualquiera me pase en altura. Nos detuvimos en camino al cajero a sacar dinero para comprar unos tacos porque yo la jalé para darle un beso, quedando ella más arriba que yo. El beso que tenía pensado darle no era lo que fue. Ella me comió casi casi, parece ser que, o practicaba sola o ya tenía experiencia en el asunto. Yo, un pobre chamaco, tan lento como la tortuga y que no toma al toro por los cuernos, cuando iba a pensar que se usaba una lengua en el beso  y sobre todo que iba a entrar a mi boca y dar vueltas por ella. Simplemente cerré los ojos e hice lo mejor que pude, en mover mi lengua. Detrás de mí la fuente sacó un chorro inmenzamente alto, la música inicio a tocar y las luces de colores iluminaron la fuente que subía y bajaba en tono musical mientras yo solamente abría la boca y cerraba los ojos intentando seguir, emular, copiar, realizar los movimientos circulares que hacía esa lengua en mi boca que al mismo tiempo parecía cepillar mis dientes. Me enteré tiempo después que hice el ridículo. Si hubiese sido ella la mujer de mi vida, no hubiese tenido oportunidad alguna, ya que si el primer beso no te atrapa, no hay por donde. Hasta hace unos cuantos años atrás me enteré que me vino bien el ponerme frente a un espejo, tomar mi mano e iniciar a practicar besandome a mi mismo. Los besos que doy ahora son lo suficientemente atrapadores como para que la mujer quiera re-besarme. No sé si he contado esto, pero yo nunca he dado el primer beso, siempre me lo dan primero, espera…estoy recordando algo…creo que miento…bueno, lo importante es que me los han dado primero en varias ocaciones.

Pocas personas me han hecho sentir cosas en el estómago o me han dejado con cara de bobo por un beso. Cuando sentí esa cosita en el estómago y me quedé con esa sensación rara en la cabeza, como que estoy volando, como con qué es esto, un sentimiento raro que no puedo describir, es ahí cuando le encontré el gusto al beso, cuando entendí para qué se besa, no por aburrimiento, sino para llegar a sentir esa cosa que no sé qué es.

Y es ese beso el que se tiene que dar, el que se tiene que sentir la primera vez que se besa a esa mujer, la que sea, un beso que mate…para atraparla. Ya que si uno no besa bien está jodido. Es como una hamburguesa con la carne cruda. Como una Coca Cola al tiempo, caliente. Como un sanwich de queso sin queso. Como algo sin ese algo…

Un beso de un mexicano, no por ser mexicano va a saber a pique o a sentirse diferente. El chiste, me imagino yo, es saber darlo y que llegue a sentir esa persona una cosita rara, esa cosita que existe pero no sé nombrarla.

Con ganas de Kisses de Hershey’s

YO