Allá ellas…

El plebeyo estaba sentado en una mesa que daba hacia la montaña. Sus primeras letras decían “No hay amor más ciego que el amor a primera vista” Dejé de hacer lo que yo estaba haciendo -que era menear el palito del ‘rum and coke’ que me acababan de servir antes de ponerme a escribir- y lo miré fijamente. No dudo que la incredulidad se hubiese retratado de cuerpo entero en mis pupilas, porque el plebeyo se echó a reír además de poner sus manos sobre las hojas blancas, cubriéndolas. Pone la pluma de ganso a un lado, retira el tintero y voltea hacia arriba. Escritor, por qué estás leyendo lo que escribo. ¿Qué pasa plebeyo, no te he visto en unos días y ahora quieres pasar de plebeyo a escritor? No quiero ser escritor, no me quiero morir de hambre, siendo plebeyo por lo menos tengo la comida del día. Digamos que es un diario. El escritor describe como las termitas en unos segundos consumen la pequeña casa de madrera donde se encontraba el plebeyo y éste se cae al piso. El plebeyo se levanta del piso polvoriento sacudiéndose las ropas. Escritor, era broma. Perdón, lo tomé mal pero no te apures que describiré otra casa más perrona que esa, pero cuéntame, ¿qué te pasa, por qué esas primeras palabras para un escrito?

A continuación, como ocurría en las novelas de Dostoievski -un escritor ruso del siglo XIX, no un cantante de reguetón-, el plebeyo me empezó a despepitar la historia que, según parece, aún le exprimía los jugos del alma. Pero sabes algo plebeyo, vamos a un sport bar y te tomas una cerveza mientras me cuentas, porque según dicen, eso nos hace ver más masculinos, eso es lo que los hombres normales hacen ir a Sport Bars. Pero escritor, estamos en la edad media, eso no existe. Qué se joda plebeyo. El plebeyo empuja la puerta. Los televisores en juegos de fútbol, beisbol, las personas hablando y observando el juego. Mientras el plebeyo entraba a sentarse a la barra y pedir una cerveza de barril, todos se quedan callados y lo observan. Creo que sus ropas no eran las más adecuadas. Se sienta y pide una cerveza. Te cuento escritor, creo que entre más crezca, menos podré encontrar a esa chica que haga que mi corazón baile la macarena. ¿Por qué dices eso plebeyo? Porque he conocido mujeres espectaculares, pero sabes algo, llego tarde. Explícame que no entiendo. Digo que llegué tarde porque muchas de estas mujeres fuera de serie ya habían conocido a alguien antes que a mí y este alguien es un bambalán que las dejó bien jodidas y ninguna quiere saber nada del amor. Todas están dañadas y hablar de confiar en alguien nuevo ni se diga. Qué mal que estés pasando por eso plebeyo y entonces ¿estabas escribiendo para exteriorizar tus frustraciones? Además de gritar en páginas en blanco también estaba evitando pensar que me debo de meter con mujeres de 22, que les falta vivir un montón, para encontrarla sin heridas profundas, ¿está cabrón eso, no escritor, llegar a ese nivel?

Una chica, que estaba sentada al lado de plebeyo observando y gritando de vez en cuando a la pantalla cuando los jugadores hacían algo mal  se voltea y se le queda viendo al plebeyo. La chica era de muy buen ver: piel blanca, ojos negros que en realidad eran café obscuro, cabello lacio y largo color castaño se presenta con el nombre de Leticia. ¿Con quién estás hablando? Con el escritor, está allá arriba, lo ves. Ah sí, hola, qué tal escritor. El escritor le hace una seña con las manos. No pude evitar escucharte mientras contabas tu historia o tu frustración. Sabes algo yo sé de eso, soy una de esas mujeres que creyeron conocer a su medio limón, una de esas mujeres que estaban locamente enamoradas y le hicieron daño y eso es muy fuerte, traumatizaste. Los ruidos de las demás personas eran notorios haciendo inaudible la platica. Leticia y el plebeyo se envolvieron en la plática y en el cuento descrito por Leticia. El escritor se acerca porque se siente fuera de conversación cuando ella termina diciendo En un principio dudé, ya sabes que las malas experiencias te dejan un amargo sabor, además de que es difícil confiar y tratar de no pasar facturas ajenas a esa nueva persona que estás conociendo. Te cuento mi historia porque aunque abundan los hombres tóxicos y dañinos, también quedan buenazos que nos roban el corazón y nos tratan como princesas; me consta. Pero no todas tienen ese modo de pensar que usted tiene, le dijo el plebeyo. Bueno, plebeyo, le dijo Leticia observándolo directamente a los ojos Allá ellas con su moda de no comer rico porque engordan, no amar fuerte por si no funciona o las vuelven a herir y de no arriesgarse por si fallan. Yo vivo.

Al plebeyo tuvo una sonrisa expuesta por una semana…

YO

Mis demonios

Quiero que te enamores de mí, pero quiero que te enamores de mi lado perverso, de mi lado sarcástico, de mi desequilibrio mental, de mis malas manías. Quiero que te enamores de mí pero no del que conocen, del que se deja ver, mejor de mi manera de gritar, de mi forma tan sutil para criticar, de mi forma tan rara de hablar y de pensar, de mis inexpresiones que si te fijas bien dicen mucho.  Enamórate de mi mal carácter que me sale a veces. De ese mal genio que tengo escondido. Enamórate incluso de mi lado pervertido y burlón. Enamórate hasta de las lisuras que suelo decir para desfogar. Enamórate de ese lado mío que casi nadie conoce. Enamórate de mis defectos. De mi lado temperamental, del caos que suelo causar cuando todo me sale mal.  Porque de mi sonrisa, de mi lado gracioso, de mi lado cursi, de mi lado tierno, de mi lado enamoradizo, de mi lado bueno cualquiera se podría enamorar.

La historia del plebeyo encerrado en un reino

Era una noche muy fría, tal vez la más fría de todas las noches.  Un plebeyo poco agraciado, atrapado en una isla marginada por varias millas náuticas de todas las demás naciones se encontraba un poco molesto. Plebeyo, qué buscas en  una mujer para que logre ser tu compañera, además de que sea bonita, le preguntó una chica a la que conocía hace varios años. El plebeyo, que como ya había dicho se encuentra atrapado en este reino marginado de los demás, así como la isla de hierro en Game of Thrones, sintió el comentario como uno en el que le decían superficial. El plebeyo voltea hacia arriba y se le queda viendo al escritor.  Escritor, no sé a dónde vas con esta historia. Plebeyo, déjame escribir. No es que quiera influir en tu historia pero debo decirte mi pensar y sentir. Pues entonces no influyas ni digas nada y déjame seguir narrando. Escritor por favor. Está bien, habla. Gracias escritor, pues resulta que van ya varias chicas que han notado ese patrón,  que las busco bonitas, pero sabes algo escritor, yo no lo busco, pasa. Tú mejor que nadie sabes que en esta isla si tomamos 10 mujeres al azar, 8 de ellas van a ser bonitas. Por lo que hace estadísticamente probable que la mujer que me  vea “atractivo” esté potable, no lo busco,  es mera estadística, claro, para mi suerte.  Alabado, aleluya grita el plebeyo levantando las manos.  Si algo tengo claro escritor,  es que la belleza se va por lo que no es el mayor factor para que yo salga con alguien. No es culpa de ellas ser bonitas, eso es genético. Qué quieres decir con eso plebeyo.  Es fácil escritor, ellas no influyen en su belleza, nacieron así y si le doy mucha importancia a ese atributo estoy dándole poca importancia a atributos que ellas sí crean y trabajan por ellos como el estudiar, desarrollarse profesionalmente, el ser simpáticas, el ser aventureras, el vestir bien, el ser independientes. Ves a lo que me refiero. El escritor se le queda viendo fijamente. Y en un reino donde la gran mayoría de las mujeres son bonitas, es lógico que alguna chica que conozca sea bonita. Te entiendo plebeyo y es interesante tu punto, deja parto de esto.

El plebeyo, que había dado una catedra de genética avanzada, daba vueltas en su mismo lugar tratando de refutar que no era superficial,  aunque en su perfil dijera que NO SALE CON MUJERES QUE NO SON SUPERFICIALES (chiste interno del escritor, o el plebeyo, no sé). Escritor, escritor, qué piensas de esto. Plebeyo, trato de concentrarme. Lo sé pero a lo mejor te ayuda. Sabemos que en un reino donde 8 de cada 10 mujeres aguantan, las estadísticas están a mi favor, cierto. Ajá. Pero sabes algo, todo ser humano reacciona a lo bonito, es natural. Entonces, como seres vivientes y pensantes, admiramos la belleza, por lo menos algo nos debe de gustar de la chica, cierto. Bueno, sí, tienes razón, deben de darte ganas de quitarle la ropa. Exacto escritor. Todo inicia por los ojos, y con las mujeres pasa igual. Todo inicia por la atracción y eso debe existir para comenzar a conocer y ver si es lo que uno busca o no. Por eso digo que es una patraña eso de quédate con quien toca tu alma y no con quien toca tu piel. Primero debe ser cuestión de piel para llegar al alma. No mames escritor, qué profundo estoy. El escritor se ríe a carcajadas sin parar. Bueno, es cierto plebeyo, hay cierta verdad en lo que dices pero hay casos donde una mujer se fija en un hombre feo que no lo atrae y luego sí por otras razones. El plebeyo se le queda viendo con cara de “en serio escritor, cuéntame más” dime un caso escritor, uno en el que la chica salga con alguien que no le atrae nade de nada. El escritor comienza a sudar frío porque la verdad los casos que conoce son por conveniencia, dinero o de verdad le atrae algo de la pareja. Ah, ya sé plebeyo, La Bella y la Bestia, toma! Ay, por favor escritor, eso no cuenta.

El escritor llegó a algunas conclusiones hoy. Que la belleza no es culpa de la mujer, es genético por lo que alguien no debe darle más peso al ponderar. Que es importante sentir una atracción de algún tipo para salir con alguien y que primero se toca la piel para llegar al alma. Y que era bastante estúpido seguir con esta historia por lo que había decidido no hablar del plebeyos sino ahora del príncipe, en la aventura “no está jugando a la difícil, solo que no está tan interesada en ti” porque esta historia había tomado otro rumbo y era mejor olvidarse de ella.

YO

Pero nene, no sé qué piensas o sientes…di algo!!

Todas o casi todas las mujeres con las que he salido -suenan como muchas y me hace ver bastante perrón, con muchas viejas, así que mejor aclaremos- las dos mujeres con las que he salido me han reclamado, en algún momento de la vida, lo poco expresivo que soy. Cuantos te quiero, te amo, te adoro, tomadas de mano, abrazos, besos, sexo en cualquier lado, decir qué linda estás, te ves hermosa, divina, espectacular, estoy contento, estoy súper bien, estoy de lo mejor, falta de enviar textos, procurarla, cuántas de estas palabras dejé de decir por tener este carácter. Todas estas cosas que la sociedad nos indica que debemos de seguir por el simple hecho de estar en una relación. El ser serio, el venir de una familia que no hace eso, una familia poco expresiva, te mete en problemas y no te exenta de esta regla social.

Muchas peleas y explicaciones intenté dar para que entendieran el por qué de mi comportamiento y de cómo hacer ver o demostrar que todo lo que se tienen que decir en palabras se puede logra expresarlo con simples hechos, como lo «hago» yo. Claro, parece ser que la otra persona debe estar consciente o atenta o debe tener algo que aun no descifro para que ella pueda interpretar esas demostraciones de afecto que no vienen de palabras, que no se dicen.

Creo que al ser un tipo que no es expresivo en exceso y que al parecer no sigo las normas sociales de decir lo que siento cuando salgo con alguien, tiendo a demostrar esas palabras socialmente aprobadas en las relaciones con hechos, hechos que pueden parecer pendejos pero que en realidad demuestran interés y hasta amor, sin decirlo.
Pero el universo se ha inventado para enseñarte y que veas qué sienten las personas cuando tú haces algo. Mi chica, la número tres o dos, resultó ser menos expresiva que yo, sí, así es, una hermosa chica puede no expresar ciertas cosas. Al principio me estuvo raro, por un acuerdo al que llegamos pensé que no estaba abriéndose a la relación, “¿pero qué pedo?, se supone que dijimos y quedamos que nos iba a valer madre y no íbamos a limitarnos”. En cierto momento pensé que no era mutuo el sentir o que ella no estaba cumpliendo su parte, cosa comprensible.

Un día de esos que estamos simplemente valiendo madre en la cama sale ese comentario, sale esa frase. “Peladito, no soy expresiva, no me sale, no sé por qué pero no puedo. Imaginá  (porque era de Cali) que a un ex le decía la cosa.” Entontes ahí comprendí todo, todas esas cosas que ella había hecho antes de yo saber que ella era un YO a la segunda potencia pero en versión mujer me vinieron a la mente con un flash back.
Tocarme la cara en los besos, preguntar si comí, el decir que me cuide, que vaya al médico, que no me esfuerce en el gym tanto por mi edad, que vamos a cocinar, el de repente buscar mi mano para caminar tomados de la mano, esos abrazos repentinos, esos besos en el cachete mientras estamos en el cine, esos textos sorpresa diciendo que espera que esté rico mi almuerzo y que de postre un beso, el atenderme, todo eso son muestras de cariño, esas muestras de las que yo hablo, eso que no se dice pero se sabe.

Ahora que lo pienso, también me dijo un día por texto “Ya estoy en torre, continuo con la puta tesis de mierda asquerosa, pero preferiría ver pelis contigo tirados en tu camita :)” Transformando esas palabras en alguien normal que sigue las normas sociales de expresión amorosa, las hace lo más romántico que me han dicho en toda mi vida.

Socialmente apático pero expresivo de otra manera,

YO

Me defino normal…

Si me pidieran que me definiera a mi mismo, me definiría normal. Detesto a las personas que se autonombran raras o distintas. Si se supone que todos somos distintos, entonces, ser diferente es ser normal, ¿no?. Suelo hablar poco, necesito concer a la persona para poder hacerlo. Nunca he sido bueno guardando secretos. Mucho menos soy discreto, mis amigos dicen que es muy fácil saber lo que siento y cómo me siento. Otros dicen que nunca expreso mi verdadero sentir, que soy una persona no tan afectiva, que no muestra el mucho amor que siento por alguien aunque me encante, y ese es uno de mis más grandes defectos. Ese y el no tener carro dicen algunas.

Mi pasatiempo favorito es ver películas mientras como unas papas con limón, salsa valentina y chamoy, ah claro, no puede faltar una Coca Cola estúpidamente fría. Mis películas favoritas son las de Disney, ya saben, donde no importa por cuánto pasarás por encontrar a la persona que le dará significado a la palabra amor. Romperás hechizos mortíferos, matarás a la más terrible bestia del universo, recorrerás peligrosos caminos arriesgando tu vida, demostrando tu valor para por fin llegar a ese…y vivieron felices por siempre, donde los estándares de vida o lo que la sociedad te dice sobre cómo vivir, no existen. Lo único en el universo que importa a partir de ese momento es tu alma gemela disfrazada de una princesa, una sirvienta o una rana. Me gustan esas películas porque mi genero favorito es la ciencia ficción, ya saben, espaditas láser, dinosaurios, extraterrestres, caballeros de la noche, criptonita y amor. El amor es el mejor pretexto para tener sexo, para subirte el ego y no sentirte solo.

El amor no es lo que nos enseñan desde pequeños. No existen las almas gemelas. En vez de eso, sólo hay satisfacción de necesidades, intereses y por supuesto sexo.

No hay un felices por siempre, en lugar de eso hay frustración, rutina, celos, inseguridades, traiciones, peleas, hay todo tipo de heridas por amar y por supuesto no hay nada perfecto, nada es perfecto…

Toma las riendas de tu vida…el amor.

No sé cuál es la relación que existe entre estar enamorado y engordar, pero sí, me pasó hace varios años atrás. Cuando uno está enamorado por razones que no logro entender (ahora que ya no estoy ciego de amor), las personas se descuidan y empiezan a engordar. Creo que tiene mucho que ver que en Puerto Rico no hay mucho que hacer además de Plaza, playa y restaurantes. La comida comienza a ser lo más frecuente que haces  “Mi amor, qué hacemos. Vamos a comer. Vamos”  y así sucesivamente hasta que los dos están gordos y se dejan por gordos. Una vez estando gordo hice una lista para motivarme a dejar este estado y ver de todo lo que me pierdo por no ser delgado y espero que amigos gorditos, esto los motive como a mí.

  • No poderte ver el pene.
  • No poderte subir a un elevador con dos amigos gordos porque se cae
  • Gastas más en la despensa
  • Los Zombis te comen primero
  • No entrar en la ropa, ni en el probador
  • Tener que comprar dos asientos para viajar
  • Sudar me hacía ver más asqueroso de lo que ya era
  • Por siempre en el Friend zone
  • Que te canten, qué bellos son tus senos de hombre
  • Ir a la tiendita y no poderte decidir por chatarra dulce o salada
  • Tu sexapil es inversamente proporcional a tu grasa corporal
  • Todo te puede causar un infarto o te puede dar cáncer de garganta
  • Tus dedos aprietan cuatro dígitos en el iPhone en vez de uno
  • Te excitan tus propios senos
  • Tus manos no entran en el bote de Pringles
  • Te comes a tus amigos…imaginarios
  • Tus estrías parecen hechas por un tiburón o un tigre siberiano
  • Si eres moreno y tienes una pequeña lonjita en la nuca, cuando estiras el cuello se ve una línea blanca…y es muy feo saber que ahí nunca te pega el sol
  • Si te acuestas sin playera en la playa, los niños van a querer empujarte hacia el mar… me pasó
  • No sales a ver el mundo exterior, no porque no puedas, simplemente porque no pasas por la puerta, ni por la ventana, ni por el tragaluz
  • Si alguien se tira un pedo, inmediatamente piensan que fuiste tú, es real
  • Y de las peores creo que es que puedes matar a alguien de un botonazo.

Así que ya saben,  podemos dejar de ser gordos si queremos, dejemos de pensar en lo maravilloso que sería ser delgado y hagámoslo por nosotros. Toma las riendas de tu vida, no te las comas…ni a tu caballo o toma la vida por las lonjas.

YO

El amor en la posmodernidad

El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

Creo que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.

Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional. Esta utopía emocional individualizada surge la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo. Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo. En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana. Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor, “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.

La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno). Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices.

Y por eso mejor yo no busco, no me desespero, no selecciono a cualquiera porque en esta época de posmodernidad, o mejor dicho, hipermodernidad, el amor es tan inestable como la economía…

 

¿Tienes carro o Yaris?

La semana había sido muy larga, mejoró un poco cuando llegó el email informando que el lunes era feriado. Para cambiar un poco de rutina salí a la librería que tiene una cafetería en Santurce. Hay razones poderosas para hacer algo diferente este día. Primero porque quería evitar Walgreens como diera lugar, segundo, muchos zombis o Walkers -como ellos los llaman- durante la semana y tercero, quería saber qué le iba a pasar a ese dragón, iban a poder salvarlo? El rey estaba muerto? Muchas interrogantes que contestar y solo lo sabría si terminaba ese segundo libro del mes. Entonces ordeno un burrito, mejor conocido como Wrap en el mundo hipster, pero lo ordeno muy hipster, lo más posible con pendejadas orgánicas y toda la cosa para estar a dhoc con el lugar y el ambiente. Tomo una mesita y leo mientras como, o como mientras leo, es igual, unas cuantas gotas del burrito cayeron en las hojas del libro, pero era de esperarse, por lo general siempre me babeo en la ropa al comer, ahora le tocaba al libro.

Una pareja se sienta en la mesa contigua, les estoy dando la espalda. Logro escuchar lo que dicen, pero no les presto atención, continuo leyendo. Mientras estaba dando la vuelta a la hoja, escucho un comentario “oye y dime, tienes carro o Yaris?”. Casi me ahogo al escuchar esto y tuve que voltear tuve que ver la cara de esta persona. Sutilmente cambio de silla para poder ver “a la calle” y en realidad ver a la pareja. Quería ver si lo dijo en tono de broma, eso se nota en la cara de las personas cuando bromean pero no, lo dijo en serio. Una chica bastante potable, rubia ojo azul, 5´3´´, boricua por su acento. Zapato de marca, reloj de marca, perlas alrededor de su cuello, ropa de Banana o Jcrew, un bolso café con una LV o una VL, no estoy seguro. El chico, bien parecido creo yo, la persona tiene una cara de incredulidad mientras la otra continúa hablando. Después de unos minutos logro terminar con el libro, lo guardo, pongo mis cosas en mi mochila y la cierro. Veo a una persona con una cara de aburrimiento mientras la otra mezcla temas de Teatro Breve, de su trabajo y viajes que ha hecho, a Europa obviamente. Me levanto y me acerco a la mesa “Hola, buenas tardes, disculpa, me llamo YO. Ashley. Sabes una cosa, yo me hubiera ido desde lo del Yaris, linda tarde”. Salgo y camino por la acera. Unos cuantos metros volteo para atrás, costumbre de sobre protección o paranoia. La veo salir de la librería…sin él.

YO