El hueso está pegado, luego del proceso quirúrgico el adamantium quedó en su lugar, cubriendo el hueso metacarpiano, convirtiéndolo en indestructible. La imagen de Logan me vino a la mente. Él en un laboratorio rodeado de científicos militares, acostado doblándose del dolor mientras le inyectaban el metal.
Eran las 8:15 cuando estaba acostado en la camilla con la bata y nada más que eso, un gorro para el pelo y unas telas azules cubriendo los calcetines. Esperando en el pasillo. Una de las científicas me toma del brazo y coge mi mano para inyectarme una sustancia líquida transparente. “Necesito tu mano buena” me dice con rudeza, sin pensarlo me mete la aguja, maniobra, la mueve sin piedad hasta que la sustancia comienza, gota a gota a entrar por mis venas, las siento como éstas se fusiona con la sangre.
Otra mujer con bata blanca, parecía científica también, me levanta la mano rota y remueve el retenedor sin ningún cuidado. La mano inflamada, con los dedos curvos y con un olor fétido aparece y cae sobre la camilla. Ella comienza a limpiar la zona de la mano con alcohol y gasas, mientras yo estoy cerrando los ojos y apretando los dientes con cada pasada de la gasa mojada por la mano. “Se debe inyectar en esta mano también” me deja saber. Ella, con más cuidado que la anterior, comienza a buscar la mejor vena para su propósito y me pica una, dos y tres lugares distintos sin éxito.
“Lo voy a tener que picar en sala” le dice al de bata blanca e inmediatamente la camilla comienza a moverse. Un cuarto oscuro y frío con una luz brillante y potente en el centro del cuarto aparece. La camilla se detiene debajo de la luz. Colocan la mano sobre una bandeja, 5 personas rodean la camilla y me pasan a la cama. El de la bata blanca toma las agujas de la bandeja y comienza a manipular la mano, con cada piquete en la mano reacciono con gran dolor arqueando la columna como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Dos o tres veces lo intenta hasta que mi vena no puede más y por fin cede. Una aguja con otro líquido blancuzco entra por debajo del brazo derecho. Siento choques eléctricos que recorren desde el hombro hasta la punta de los dedos, es ahí cuando comienzo a temblar sin parar. Aunque cintas negras atravesaban mi cuerpo de un lado a otro asegurando que no escape, el movimiento de las piernas temblando se notaba. Una de las personas me sobaba el brazo y me repetía “respira profundo, respira profundo”. Cubren el brazo malo, colocan una barrera y no logro verlo. Entra el encargado del proyecto y se sienta frente al brazo. Trae consigo las partes robóticas, el metal que remplazará mis huesos y los hará indestructible. Adamantium leía la etiqueta. Tornillos, taladros, martillazos es lo que logro escuchar entre sueños y las drogas.
Despierto en usa sala blanca iluminada “quedó bonito el trabajo” es lo único que me dice el jefe mostrándome una foto de rayos x con los metales que ahora forman mi mano.
Desde entonces veo mi mano y me concentro para sacar las garras de metal como Wolverine pero sin éxito. comienzo a pensar que eso debe ser el efecto de las Percocet 512 que juegan conmigo…
YO, Logan Llamas