Mi vida, desde que recuerdo, he vivido en ciudades calmadas. Por unos meses estuve en Jojutla Morelos, un pueblito como con 3 calles, luego me mudé por otros meses a Mazatán Sinaloa, que por aquel tiempo era una ciudad pequeña y tranquila. Antes de cumplir mi mayoría de edad, o sea antes del año nos mudamos a La Paz Baja California Sur, esto por razones de trabajo, a mi apá lo mandaron allá a ayudar a los aviones que aterrizaran bien.
Solamente, por ir a estudiar, y seguir con la tradición ingenierística en electrónica de la familia, amá, apá y hermana, me mudé a Guadalajara, mejor conocida como Guanatos, a estudiar la carrera universitaria. Así transcurrió mi vida, hasta llegar a San Juan. Y a dónde quiero llegar con esta historia, pues sencillo, que los lugares por donde me he movido han sido planos, citadinos, con tráfico, sin recorrer grandes distancias y sin curvas, sobre todo, sin curvas.
Al llegar a la isla, una isla con una cordillera central montañosa llenas de bellezas naturales, me he restringido a ir más por las curvas que existen. Mi citanidad impide tener un amplio conocimiento de las carreteras centrales. Creo que en estos últimos meses, por fin logré sobre pasar el conteo de las veces que he ido manejando hacia allá. Los dedos de las manos eran muchos para contar mis idas al centro.
El motivo de evitar esos sitios, además de las curvas, es por la ansiedad que me causan los jibaros centrales. Al yo ser metrocentrista, las curvas me causan situación emocional por lo que mi velocidad es casi imperceptible, algo que a los tainos centrales les afecta, al ellos ya estar acostumbrados a la caza, recolección de café, granos y bananos, también lo están a las altas velocidades en las curvas. Al yo manejar lento, prevenido, precavido y ansioso, ellos, los mamabichos esos, empeoran la situación al pegarse de más al carro, al hacer burn burn al carro en tono de aceleramiento, al estar moviéndose de un lado a otro para ver si pueden rebasar en curvas, así como aprendieron en las clases tainas de cómo manejar en la cordillera central.
Con esto, como buen extranjero, con emprendimientos únicos, que me lo dejó saber la novia porque son extranjeros que hacen los emprendimientos como experiencia, se me ocurrió crear un sticker magnético que se pegue en la parte de atrás de un carro que diga “Soy de la metro, por eso voy a 20 millas” y de esa forma los tainos de la cordillera nos mienten la madre, pero más poquito. También esto va a incluir un viaje que atraviese la isla de norte a sur, que vaya por la número 10, así como la gente normal y luego entren a la adrenalina de la 123 sentado en la parte trasera de un carro manejado por un local de Utuado, esto incluirá bolsas de papel o plásticas como las del avión. Es que no soy rico porque no quiero.
YO