Incrementando mi ki

El instructor dijo “mãos para baixo e sinta como a energia está fluindo através de seus braços. Fechar os olhos e vai sentir no mantra, seu mantra favorito”  entonces inicio a escuchar el latir de mi corazón, el sonido de la lluvia cayendo y escurriendo, a escuchar a los pájaros e insectos a mi lado, comunicándose entre ellos…y me fui…recordé…recordé que:

-El baile y yo somos totalmente incompatibles, le tengo terror al tiempo en que se divide. Soy mexicano, mexicano de cartón y ella es el son. Ella tiene ritmo, arte y es flexible. Por sorprender me digo que nada es imposible. Yo los dejo que me miren, que nos miren porque es con salsa donde soy y me siento libre y bailando salsa fue que la vi. Si me lo piden me hecho pa’lante y me arrojo y en un despeine  me armé de valor y bailé con ella la pista, salsa. De pronto veo que no hay nada imposible, un hombre de cartón bailando como niño. Magia tuya, bailaba yo con tu cintura, solo por no perder la ocasión de estar ahí. Me dijeron, “loco, si la quieres enamorar tienes que hacerla reír y sonreír”  el pequeño y delicado problema es que siempre que se ríe y sonríe, me enamoro YO.-

Me gusta darme cuenta que mejoro, que me subo a olas sin fatigarme tanto, que le pego a las bolas de tenis mejor cada golpe, que mi mantra aparece en mi mente como si consumiera droga v. que mi récord de fit your brain poco a poco sube y nunca baja.

Incrementando mi ki lentamente…

El amor en la posmodernidad

El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

Creo que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.

Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional. Esta utopía emocional individualizada surge la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo. Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo. En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana. Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor, “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.

La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno). Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices.

Y por eso mejor yo no busco, no me desespero, no selecciono a cualquiera porque en esta época de posmodernidad, o mejor dicho, hipermodernidad, el amor es tan inestable como la economía…

 

Tres cosas bien claras

Dentro de mi anormalidad, tengo tres cosas bien claras. Primero que nací. Le doy gracias a mi papá por tener esa cita con mi mamá esa noche, el resultado les quedó cabrón. Segundo, que en algún momento voy a morir, cosa totalmente normal y natural. Tercero, que el tiempo entre medio es totalmente mío y lo tengo que utilizar para hacer cosas que me hagan feliz y que me agraden, ser un poco más mamón de la cuenta y sacar una que otra bichería porque, si el tiempo es tan poco, debo de seleccionar lo mejor, lo no común para que entre a mi círculo. Es por eso que creo que soy un sapiosexual cualquiera (para la gente del Turabo que probablemente no saben lo que significa, pues es una persona que se siente atraída por la inteligencia de otra persona). Y cómo sé eso, fácil, cuando veo CNN en español la sección económica y sale Gabriela Frías, me quedo embobado, dice cosas tan raras, tan inentendibles por mí que me gusta, me reta a buscar qué quiere decir ella con reserva financiera, dolarización de la economía, inflación, activos, agentes económicos, el crecimiento potencial de un país vs el real. Una chica que utilice todos los acentos, las comas, los puntos…algo demente sapio para mí. No quiere decir que yo sepa mucho o me crea intelectual ni nada, por favor, escucho reggaetón, simplemente me gusta estar con gente interesante, inteligente que me hagan buscar, crecer, vivir.

Me dijeron que yo no era un macho, que era un hombre, un caballero, así de esos… (con puntos suspensivos y todo) pero que me falta madurez, pero cuando la tenga, ay papá, cuídate mundo. Resulta que me falta madurez por no ir acorde con lo que la sociedad espera de una persona graduada, con maestría e ingeniería, trabajadora, profesional. Por usar el dinero para viajar, conocer, experimentar, que me importe tener el dinero suficiente para vivir, por no pensar a mi edad en comprar una casa, en tener una hija y formar una familia. Resulta que la madurez te la da la sociedad, eres maduro cuando haces lo que la sociedad espera de ti sin importar que trabajes en tus vacaciones porque el caso no te deja dormir, sin importar que las personas vean que eres puntual, atento, que sacas tu trabajo antes de tiempo y bien hecho, que todas tus deudas las paguas sin demoras, que no compras más de lo que puedes pagar, que tienes un sentido del ahorro. Sí no sigues las normas sociales, no puedes madurar porque «yo a tu edad (25)» me dijo mi papá una vez «ya tenía casa, carro, tres hijos, un trabajo, una familia, una vida que seguiría siendo así por los próximos 30 años». Se quedó callado y pensativo y me dijo «sabes qué, sigue disfrutando de tu vida». No todos quieren o buscan seguir las normas, yo soy uno de esas personas, yo quiero pasar ese tiempo entre medio del uno y el dos con una felicidad que irradie.

Entonces esa chica potable y «petite», aunque sea un hombre con cualidades que no siempre se encuentran, que sea un hombre en toda la descripción de de su palabra, como no pretendo madurar como la sociedad le enseñó, pues, se fue. Lástima porque la iba a invitar a surfear un domingo a Isabela.

YO

Esta era digital

Creo que deberíamos ir a comer tú y yo, bueno, cenar. Are you asking me on a date? ¿Por qué si dos personas salen un día en fin de semana después de las 7 la noche tiene que ser catalogado como cita? Well, actually it is. Vamos a ponerle ese nombre si quieres pero te veo a las 7. Estamos sentados, una, seguimos hablando, dos, tres, cuatro, cinco, pedimos aperitivo, seis, siete, ocho, nueve, vamos a pedir comida, 10, 11, risas, 12, 13, 14, 15, platica de su proyecto doctoral, vuelve a vibrar, 16, 17, 18, llega la comida, más cuentos mientras se come, 19, 20, 21…conté 32 veces antes de decidir que eso no era para mí. Esta chica de Conericot (pueden ponerlo en inglés si desean, ya que todo fue en inglés) con cabellos rubios y ojos verdes y casi doctora en biología se acopló muy rápido a esta generación donde es más divertido hablar y conocerse cifradamente, o sea, a través de ceros y unos mejor conocido como “forma digital” con textos multimedia y imessage y fb message que tenerlo en frente.  A la 32 mensajes saqué 50 dólares los puse en la mesa y le dije que me tenía que ir que lo sentía mucho. Cuando estoy con mis amigos rara vez saco el teléfono porque ellos son divertidos y hacemos muchas estupideces y muchas veces que salimos algo increíble pasa. Y si estoy con alguien no amigístico mi celular está en silencio o apagado.

Me la encuentro  cuando iba a sacarme unas fotos para mi permiso de buceo. You, what the fuck, what was that. Hola, beso y abrazo. I actually like you. 32 mensajes, contestados no muestran gran interés y eso se interpreta.

Siento que esta era digital no es la mía, por qué será tan complicado encontrarse con alguien que se siente a la mesa, coma calamares con salsa roja y se rían sin necesidad de ver un celular. Si por lo menos fuera iPhone.

Yo

No estoy en busca de otro error…

Conocí a esta chica a finales del año pasado. Nos quedamos viendo por unos segundos antes que me la presentaran. Se acerca a darme un beso. Hola. Y me dice al oído. No te preocupes si desaparezco de repente. No estoy en busca de otro error, le digo. Llamo a un viejo amigo para contarle y le digo que iba a esperar, que no pasaba nada. Al final, simplemente me metí de lleno, de una. Una semana después me llama. Creo que en realidad solo estaba buscando a alguien con quien liberar estrés. Le di mi tiempo, se lo di completo por dos o tres noches. Todo pasó tan rápido, inesperado, diferente que lo tuve que parar, detenerlo hasta que el momento fuera el indicado.

En abril me fui del país por unos meses hasta que nuestros caminos se volvieron a cruzar. Lo primero que me dice al verme No estaba buscando un amigo pero sabes, quizás puedes pasar por mi casa a eso de las 10, ah, y no se te olvide traer limón y una botella de ginebra que estaremos entre las sábanas hasta muy temprano en la madrugada. Pero mujer, si me querías simplemente debías decirlo y listo. No jodas conmigo, este corazón está congelado. De eso no me quiero enterar, tranquila.

Por un par de semanas sólo quería verla. Pasamos los días comiendo pizza para llevar y tirados en el sofá. Antes sólo por mensajes de texto la conseguía. Luego se estaba quedando en casa y amaba la forma en que la trataba. Se pasaba cantando a gritos Aretha.  Era como un sueño, como estar dentro de una canción con ft. Nunca quería dormir, y creo que yo tampoco lo quería. Pero ella y yo nos ganamos la vida del mismo modo. Cuatro ciudades, dos aviones el mismo día. Esas visitas nunca se parecen a lo que deberían ser pero vamos a ir juntos y ver qué pasa. En lugar de viajar prefiero poner una película y sentarme contigo en el sofá. Pero debemos tomar el avión o perderemos las citas con los clientes.

Hubiera deseado escribir las cosas que pasaron por mi cabeza cuando ella me estaba besando. ¿Qué? Estaba confundido. Ella tiene que pensar las cosas mientras yo estoy aquí, trabajando.

Knock, knock, knock, suena la puerta de mi casa. No estoy seguro si ella sabía lo que está haciendo ahí parada, pero ahí estaba, llorando en mi hombro. Ya te dije, confianza y respeto es lo que mueve al mundo y por lo que estábamos en esto. Nunca tuve la intención de ser el próximo pero no tenías por qué llevártelo a la cama, eso es todo. Nunca lo vi como una amenaza, hasta que desapareciste con él para tener sexo, por supuesto. No es como si los dos tuviéramos algo. Estabas quedándote aquí, no estaba buscando una promesa o un compromiso. Esta no es la forma, como me lo había imaginado se veía diferente en mi cabeza, lo que realmente quería. Es mucho lo que hay que asimilar, es demasiado tarde para cualquier cosa, si soy honesto contigo. Todo este tiempo. Yo sé, pero ni el hacerlo con los ojos abiertos logró que no te metieras en mi piel.

Amores a destiempo

Así que esto es, dijo ella, esto es el “olvidarlo”.  No es que no recuerdas momentos o que perdiste la memoria, es simplemente que no puedes recordar su olor, sentir su piel, el tono de su voz, no recuerdas el cómo su mano encajaba en la tuya, se te fue su sonrisa. Por más que lo intentas ya no puedes ponerle todo eso, eso desapareció. Ves su foto y solo está su figura. Comenzó a notar que, de a poco, su nombre se fue entremezclando con lo cotidiano, con los recuerdos, con el sonido de cada palabra no dicha, con la historia… que se fue convirtiendo en mero fondo y no figura… en la partitura inicial pero no en el sonido… en una visión pasada. Comenzó a notar de a poco que había dejado de escribir sobre él, de pensarlo de esa forma… de cualquier forma… que comenzaba a ser sinónimo de un simple pasado, de unas simples líneas superficiales de lo que había sido su vida hasta entonces… y nada más.

Ese es el problema de los amores a destiempo, esos que llegan temprano, dijo. Él es el tipo de chico  que una chica conoce cuando es muy joven y la chica lo jode todo porque aún queda mucho por vivir, muchos errores que cometer, muchas caras que conocer, muchas ciudades que admirar, mucho mundo que recorrer. Entonces dices “me vas a tener que perdonar por cagarla tanto, estoy haciendo mi mayor esfuerzo para no cometer el mismo error, pero al final, esa persona se convierte en un mero prólogo en tu vida, en un recuerdo que se olvida y su figura permanece, por llegar a destiempo.

YO

A veces me gustaría no tener la razón…

A veces me gustaría no tener la razón, principalmente por la felicidad de las personas a las que quiero.  Los hombres tenemos ese magnífico don de cuando hacemos algo mal, podemos voltear eso y hacer que ella nos pidan disculpas, no entiendo cómo funciona pero pasa. Las personas no cambian, es un hecho, es algo humano. Puedes crear un hábito, pero no modificar tu carácter y valores que se van formando desde que naciste. Si un hombre es infiel, lo será siempre, porque ya forma parte de su carácter. Si un hombre te insulta, te grita, te minimiza, te manipula psicológicamente, es machista, siempre lo hará. El faltarse al respeto en una relación es el principio del final, siempre lo he creído. Yo me metí con alguien sabiendo que tenía antecedentes de infidelidad y pocos valores con respecto a una persona con pareja, “yo no estoy mal, yo estoy soltera, es él el cabrón, a ella no la conozco, entonces no me afecta” pero no, eso son valores personales. Le dije, “me vas a ser infiel tu primero que lo sea yo” “jamás”. Cuando pasó no me sorprendió, “te dije” fueron mis palabras. Uno cree, piensa que los cambios son posibles, pero moldear un alma conlleva tiempo. Tenemos esa fe en la humanidad, creemos que Israel arreglará las cosas con Palestina. Que en el Medio Oriente las mujeres tendrán la “libertad” de Occidente. Qué Estados Unidos ayudará a un país que no tenga recursos naturales que explotar. Que personas con poder lo utilizarán para el bien común y no “que el mundo se joda, primero yo”. Creemos que  la FARC se unirá a Colombia sin problema o que Missouri dejará de ser racista. Por desgracia el único granito de arena que podemos poner es criar a nuestros hijos sin machismo y con valores y a nuestras hijas con la esa independencia e inteligencia que a los hombres comunes les aterra.

Por eso siempre les digo, no, no cambia, va volver  a pasar y luego me dicen “es verdad” así que lo mejor que pude hacer fue comprarme mi playera de súper héroe (color verde), del que escucha atento lo que tienen que decir…

YO

Salseando la vida

A través de la historia hombres han hecho cosas buenas y otras no tanto a causa de una mujer. Paris, “enamorado” de Helena de Esparta, se la lleva a Troya, sin importarle nada. Desata una guerra. Hitler, quedó traumado por un desplante que le hizo una vecina judía y, bueno, ya sabemos lo que pasó. Entonces varios años después llega YO a Puerto Rico, siguiendo a una mujer. Si no fuera suficiente esta acción, que no terminó bien, un año y medio después de terminada otra relación, este mismo personaje hace otra loquera (para su pensar una loquera bien loca dado a su falta de coordinación motora). Para dar una sorpresa a otra mujer que le encantaba bailar salsa, se mete a sus primeras clases de baile, por primera vez iba a utilizar sus piernas para otra cosa que no fuera caminar, sino moverlas con un poco más de ritmo. Nunca se ha arrepentido de nada hasta el momento y cree que este paso ha sido el más importante en mi vida, ha sido lo mejor que le ha pasado. No se puede esperar mucho de un mexicano del norte con una familia poco típica y que sus papás son más arrítmicos que él. No es  que aprendiera a bailar bien cabrón pero por lo menos da su paso para adelante y para atrás, y con eso se da por bien servido.

Resulta que todas sus amigas-pareja de baile que ha tenido a través de su experiencia bailística se han ido del país y como no es de estas personas que le habla a las mujeres y las invita a bailar dado a su extrema timidez, pues ya no baila mucho. “Quiero bailar, vamos” “mañana trabajo, pero sí, vamos”.  Fue ahí que recordó lo mucho  que lo disfruta al iniciar esa canción de Justo Betancourt (sí, porque ya sabe que hay más cantantes de Salsa y no todo es El Gran Combo). La toma de la mano, y pone la otra mano en la espalda, y ahí está con su paso hacia adelante y para atrás dejando que la melodía lo mueva, sintiendo el beat y dejándose ir, metiendo ese ritmo en su alma y dejando que la música lo llevara a donde quisiera, donde se quedara atorado y no lo dejara salir. No importa lo ridículo que se viera con sus pasos siguió bailando y subiendo el volumen en su mente ya que es todo lo que tenía y lo iba a usar. Sudados y sonriendo, felices porque tienes que bailar como te dé la gana, sin que nada ni nadie te importe, bueno sí, tiene que procurar no pisarla ni tirarla, por lo demás, que se joda, que te vean sonriendo y disfrutando, por lo menos no brinca como gringo loco en el Nuyorican sino que tiene su estilacho, adelante, atrás. 1, 2, 3…5, 6, 7.

YO.