Luego de varios minutos pensando, alejada de todo lo que quería, voltea hacia enfrente y se ve, ve su imagen fijamente en el espejo. Respira profundo, ve sus lágrimas cayendo por las mejillas, se las seca a duras penas. Da un golpe con ambas manos en el lavabo suspira profundo y decide salir.
Toda la familia estaba reunida. Ella estaba confundida, no tenía idea de lo que iba a pasar después de que diera la noticia. Qué iban a pensar de ella. Ese siempre había sido su problema, el tener en cuenta el pensamiento de la gente. Esa idea de que las personas pensaran cosas que no son, o le tuvieran lástima o la criticaran por lo que hace, siempre le jugaba en contra.
Cierra la puerta del baño detrás de ella, no suelta la perilla de la puerta. Se queda un par de segundos ahí. Al entrar a la sala están todos, no falta nadie de la familia. Juan no había llegado y tampoco lo haría Ella lo sabía.
Se sienta en el sofá de la esquina, todos los adultos están hablando y los niños jugando con el celular, la más grande herramienta jamás inventada para la paternidad. Ve a su alrededor y ve sus piernas, están temblando, no paran, eso no le pasaba desde que había sufrido ese ataque de ansiedad en la secundaria cuando había reprobado el último examen que le permitiría entrar a la mejor preparatoria de la ciudad.
La comida estaba lista, uno a uno van pasando al comedor. El pavo, tostado y con gran olor se encuentra en el centro de la mesa. El abuelo Jacinto se sienta a su izquierda y su hermana Ruth una silla después a su derecha. Ella quería irse a la mesa de los niños, solo para seguir retrasando el anuncio. Como todos los años, en el mes de Noviembre, la tía julieta es quien hace la oración y los agradecimientos del año que está por terminar. Así que sirvieron los platos, y esperarón.
Mi mamá decidió que mi esposo, mejor dijo ex esposo era un buen sustituto para mi papá. Papí, Karla ni Juan van a venir a sentarse a la mesa y comerse estos platos. Es mejor que comencemos a comer nosotros, que se nos enfría. Sin dar más explicaciones, comenzó a comer. Los otros, sorprendidos y boquiabiertos vieron cómo lo hacía.
YO


Y entonces, qué puede que extrañes. En mi caso el tiempo para mí. Yo tenía un día para reunirme con los amigos, iba al kick boxing a hacer ejercicio todos los días, me ponía a ver series con la novia y ahora, eso es muy difícil que suceda. En nuestro caso no tenemos ayuda de nuestras mamás por lo que nos toca el tostón a los dos. Ella lo atiende por la noche y yo por la mañana me lo llevo a caminar y le don binerón con la leche que la novia se sacó el día anterior. Me baño, me compro comida y me voy a trabajar 4 horas. Regreso a casa para ayudar a bañarlo y dormirlo. A las 7 de la noche estoy demasiado cansado para hacer algo más así que me pongo a cenar algo que haya comprado y me pongo a leer un poco o ver algo y me quedo dormido y así todos los días. Los fines de semana cambian un poco, la diferencia es que no trabajo.
Así que al llegar a San Juan, luego de ver el estado de ansiedad en que se encontraba, saco la prueba y se la doy. Positivo. La prueba salió positivo. Una sonrisa se dibujó en mi cara y un balde de agua fría sentí caer por todo mi cuerpo «voy a ser papá, voy a tener la responsabilidad de un ser humano, debo criar un buen ciudadano» y eso es bien difícil en esta época.