Autor: YO
Un «boost» de felicidad
Había sido un día un poco largo, las primeras cuatro horas se fueron lentas, muy lentas. Las noticias ya habían salido positivas, pero no hizo mucho cambio en el día. Mucha hambre, hambre de habichuela, pollo, amarillos y arroz ¿dónde quedaban las tortas y los tacos? Mala señal para un mexicano acoplándose al exterior. Son las doce, es hora de comer. Comienza a caminar hacia la esquina, se pone los audífonos, lo blanco se deja ver entre los bolsillos. No sabe qué poner en la radio, pero siempre lo pone al caminar, para algo paga 10 dólares al mes. Throwback Thursday fue la seleccionada, esa estación traía recuerdo, y siempre es bueno vivir. 100 pasos después comienza a sonar una canción, Guajira (I love U 2 much). En su cabeza aparece esa imagen, la imagen se dibuja perfecta, de frente. La sonrisa comienza a aparecer poco a poco al transcurrir la canción. Los hombros intentan moverse, sacudiéndolos con sabor, pero sabemos que eso no lo puede hacer aún. La imagen se hace más visible y la sonrisa ya no se puede disimular, un boost de felicidad recorrió su cuerpo, una felicidad invadió su cuerpo, felicidad que salió como un aura flotante que lo hizo sonreír por el resto del camino.
Comida y recuerdo. Eso es vivir,
YO
Simplemente es una cosa contigo…
¿Qué hacer con alguien que a simple vista sabes que no, pero te agrada, te simpatiza y te gusta en extremo, y cada vez que lees un texto, la ves, platicas, te llama, salen a comer, la hueles, te sonríe parece que el mundo se detiene, le sale un aura y todas sus facciones y expresiones que te encantan tienen un movimiento en cámara lenta?
He empezado a ver sentido en las sabias palabras de Frida, ella tenía un muy peculiar modo de ver la vida ya que donde no se puede amar, no te demores y eso es uno de los puntos más importantes del éxito en la vida. «Ya lo superé, tú me quieres a tu manera. No a la socialmente establecida, no la forma que dice la gente que se demuestra, tú no hablas, no expresas pero tus ojos te delatan. Porque tú me quieres y quería tener una hija con alguien bueno. Físicamente eres lo que me gusta y creo que siempre va a ser así. No lo sé. Comes cosas vivas y eso está cabrón y estudias y sabes cosas bien locas que nadie se imagina y eres un estúpido espontaneo. Sé que no eres la persona correcta, un cariño especial, algo invisible, algo que no se dio en otra vida. Simplemente es una cosa contigo que…».
Oye, me encantaría saber qué es lo que pasaría si muero mañana ¿ a dónde iría mi alma? No te preocupes, estarás bien, te tendré un rinconcito allá abajo conmigo, junto a tus amigos.
YO
¿Y mis viernes? Eso ya lo sabré.
A mi familia ya le había contado que la estaba conociendo, que todo iba por buen camino, pero bueno, una vez más ese universo me tenía guardada una sorpresa. Ella lo llamó “los cambios de otoño” y “pruebas que superar” yo lo llamo una reverenda y enorme pendejada que ya me tiene hasta la madre. Llevo varios días escuchando el Requiem in D minor de Mozart y mis amigos ya saben lo que significa cuando YO escucho eso. El sábado 24 era compulsorio que pasara, tenía que decirle la situación y que fuera ella quien decidiera, si el “getting to know” continúa o se va.
Existen esas noches cuando llegas a casa y no hay nadie a quien llamar, no hay vodka o cerveza para beber y no hay nada en la televisión además de esos estúpidos infomerciales. Eso pasó el sábado. Y estás ahí, sólo contigo mismo. Y a eso se refieren cuando dicen la palabra terror. Estar contigo mismo sabiendo, o más bien imaginando, lo que el universo tiene para ti. Porque todo lo que quería era estar rodeado en los brazos de alguien. De ese alguien que no vi el viernes pasado, o de cualquiera, luego de esos días cabrones. Incluso los brazos de alguna extraña. Odio…odio estar solo, y más en esos momentos (que para mi fortuna no son muy seguidos). Pero cuando lo estoy, voy y me veo al espejo y me digo a mí mismo lo que Audrey Hepburn una vez dijo (pero lo modifico a mi conveniencia) “creo en el azul”. “Creo que el reír es la mejor forma de quemar calorías”. “Creo en besar, besar mucho”. “Creo en ser fuerte, incluso cuando todo a tu alrededor parece andar mal” en este caso MUY mal. “Creo que los chicos felices son los más guapos”. “Y creo que mañana será otro día”. “Y sobre todo ¡creo en los milagros!”. Y eso es verdad, creo en los milagros, y después de ese sábado en la mañana voy a necesitar uno muy grande. Eso funciona siempre, creer.
Mientras los asteroides se alinean, hoy me dijeron que la luz delante es la que alumbra así que sin pensar mucho y poco a poco; ya que tengo muchas cosas que solucionar, cada una por fechas y de ese modo iré prestándole atención. 2 de noviembre, 6 de noviembre, 18 de noviembre y alguna fecha de diciembre y 20 de diciembre… ¿y mis viernes? Eso ya lo sabré. Porque si algo me dijo fue que las cosas pasan por algo.
YO
Comer y comer…



Pero ¿qué hubieras hecho tú?
Creo fielmente que la felicidad está ligada a los amigos y unos buenos tacos. Y si logramos fusionar ambos, comer esos tacos con los amigos, la felicidad se multiplica. Con esto no quiero decir que la vida en pareja no logre causar satisfacción, pero desde hace un tiempo estoy un poco cauteloso con eso. Imaginen que tengan una pareja a la cual adoren, si de por sí, novi@ mata amig@, imaginen que como prueba de un verdadero amor te pidan dejarle de hablar a tal o cual amigo. Luego la novia no está, y el amigo, pues tampoco.
Entonces, de nuevo en este lugar, tacos para un sábado. Este lugar me cayó mejor al leer “estamos orgullosos de no vender burritos, chips de bolsita, tortillas fake, chimichangas con no se qué (las cuales la verdad no tengo idea qué son. Mal mexicano, mal mexicano) y tacos con lechuga y tomate”. Valió la pena los treinta minutos, esta vez sí encontré al pastor. Recomendados 100%. Y ¿cómo sabemos que los tacos son tacos de verdad? Al terminar de comer tus manos huelen a taco y luego te las quieres comer también.
En este lugar todos atienden a todos, no hay un mesero fijo para tal o cual mesa, y eso puede causar confusión. Llega la cuenta. Loco, hace falta una corona por cobrar, brutal. Y también un agua de Jamaica. Qué buena suerte. No, eso no está bien, diles que falta y que nos cobre. No, no es mi culpa que no lo cobraran, además soy pobre. Pero eso no está bien, diles. Loco, no. Está bien, yo le digo y yo la pago, yo invito. Al decirle a uno de los meseros que por favor nos cobrara y que además hacía falta por cobrar una cerveza Corona ex mexicana y una rica agua fresca de Jamaica que sabe a limón pero es de horchata, la mesera sacó una sonrisa bastante genuina y con un poco de incredulidad. Con los ojos dijo todo antes que de su boca saliera un gracias dibujado, porque no sonó. Carajo, cualquier nena se enamora de ti con eso, me dijo mi amiga. Pero ¿qué hubieras hecho tú?
YO
Allá ellas…
El plebeyo estaba sentado en una mesa que daba hacia la montaña. Sus primeras letras decían “No hay amor más ciego que el amor a primera vista” Dejé de hacer lo que yo estaba haciendo -que era menear el palito del ‘rum and coke’ que me acababan de servir antes de ponerme a escribir- y lo miré fijamente. No dudo que la incredulidad se hubiese retratado de cuerpo entero en mis pupilas, porque el plebeyo se echó a reír además de poner sus manos sobre las hojas blancas, cubriéndolas. Pone la pluma de ganso a un lado, retira el tintero y voltea hacia arriba. Escritor, por qué estás leyendo lo que escribo. ¿Qué pasa plebeyo, no te he visto en unos días y ahora quieres pasar de plebeyo a escritor? No quiero ser escritor, no me quiero morir de hambre, siendo plebeyo por lo menos tengo la comida del día. Digamos que es un diario. El escritor describe como las termitas en unos segundos consumen la pequeña casa de madrera donde se encontraba el plebeyo y éste se cae al piso. El plebeyo se levanta del piso polvoriento sacudiéndose las ropas. Escritor, era broma. Perdón, lo tomé mal pero no te apures que describiré otra casa más perrona que esa, pero cuéntame, ¿qué te pasa, por qué esas primeras palabras para un escrito?
A continuación, como ocurría en las novelas de Dostoievski -un escritor ruso del siglo XIX, no un cantante de reguetón-, el plebeyo me empezó a despepitar la historia que, según parece, aún le exprimía los jugos del alma. Pero sabes algo plebeyo, vamos a un sport bar y te tomas una cerveza mientras me cuentas, porque según dicen, eso nos hace ver más masculinos, eso es lo que los hombres normales hacen ir a Sport Bars. Pero escritor, estamos en la edad media, eso no existe. Qué se joda plebeyo. El plebeyo empuja la puerta. Los televisores en juegos de fútbol, beisbol, las personas hablando y observando el juego. Mientras el plebeyo entraba a sentarse a la barra y pedir una cerveza de barril, todos se quedan callados y lo observan. Creo que sus ropas no eran las más adecuadas. Se sienta y pide una cerveza. Te cuento escritor, creo que entre más crezca, menos podré encontrar a esa chica que haga que mi corazón baile la macarena. ¿Por qué dices eso plebeyo? Porque he conocido mujeres espectaculares, pero sabes algo, llego tarde. Explícame que no entiendo. Digo que llegué tarde porque muchas de estas mujeres fuera de serie ya habían conocido a alguien antes que a mí y este alguien es un bambalán que las dejó bien jodidas y ninguna quiere saber nada del amor. Todas están dañadas y hablar de confiar en alguien nuevo ni se diga. Qué mal que estés pasando por eso plebeyo y entonces ¿estabas escribiendo para exteriorizar tus frustraciones? Además de gritar en páginas en blanco también estaba evitando pensar que me debo de meter con mujeres de 22, que les falta vivir un montón, para encontrarla sin heridas profundas, ¿está cabrón eso, no escritor, llegar a ese nivel?
Una chica, que estaba sentada al lado de plebeyo observando y gritando de vez en cuando a la pantalla cuando los jugadores hacían algo mal se voltea y se le queda viendo al plebeyo. La chica era de muy buen ver: piel blanca, ojos negros que en realidad eran café obscuro, cabello lacio y largo color castaño se presenta con el nombre de Leticia. ¿Con quién estás hablando? Con el escritor, está allá arriba, lo ves. Ah sí, hola, qué tal escritor. El escritor le hace una seña con las manos. No pude evitar escucharte mientras contabas tu historia o tu frustración. Sabes algo yo sé de eso, soy una de esas mujeres que creyeron conocer a su medio limón, una de esas mujeres que estaban locamente enamoradas y le hicieron daño y eso es muy fuerte, traumatizaste. Los ruidos de las demás personas eran notorios haciendo inaudible la platica. Leticia y el plebeyo se envolvieron en la plática y en el cuento descrito por Leticia. El escritor se acerca porque se siente fuera de conversación cuando ella termina diciendo En un principio dudé, ya sabes que las malas experiencias te dejan un amargo sabor, además de que es difícil confiar y tratar de no pasar facturas ajenas a esa nueva persona que estás conociendo. Te cuento mi historia porque aunque abundan los hombres tóxicos y dañinos, también quedan buenazos que nos roban el corazón y nos tratan como princesas; me consta. Pero no todas tienen ese modo de pensar que usted tiene, le dijo el plebeyo. Bueno, plebeyo, le dijo Leticia observándolo directamente a los ojos Allá ellas con su moda de no comer rico porque engordan, no amar fuerte por si no funciona o las vuelven a herir y de no arriesgarse por si fallan. Yo vivo.
Al plebeyo tuvo una sonrisa expuesta por una semana…
YO
Mis demonios
Quiero que te enamores de mí, pero quiero que te enamores de mi lado perverso, de mi lado sarcástico, de mi desequilibrio mental, de mis malas manías. Quiero que te enamores de mí pero no del que conocen, del que se deja ver, mejor de mi manera de gritar, de mi forma tan sutil para criticar, de mi forma tan rara de hablar y de pensar, de mis inexpresiones que si te fijas bien dicen mucho. Enamórate de mi mal carácter que me sale a veces. De ese mal genio que tengo escondido. Enamórate incluso de mi lado pervertido y burlón. Enamórate hasta de las lisuras que suelo decir para desfogar. Enamórate de ese lado mío que casi nadie conoce. Enamórate de mis defectos. De mi lado temperamental, del caos que suelo causar cuando todo me sale mal. Porque de mi sonrisa, de mi lado gracioso, de mi lado cursi, de mi lado tierno, de mi lado enamoradizo, de mi lado bueno cualquiera se podría enamorar.
Un día…o dos
Muchos lo notaron pero yo no sé el por qué estaba así. Ayer más de 6 personas me preguntaron si me pasaba algo. Mi cara lo decía todo. La verdad no estaba feliz pero no me sentía mal, solamente era uno de esos días en el que uno solo está y ya. Pero al parecer eso era lo que yo reflejaba, las vibras que daba dejaban ver mi malisidad, mi mal estado de ánimo, mi falta de interés en el día. No hice gran cosa para cambiarlo, simplemente continué mi día con los audífonos puestos a todo volumen, escuchando nada en específico, era mera distracción, no le ponía interés a lo que saliera por ahí. Comida, platica, despedida y a las 8 en casa de nuevo. Un poco de lectura, computadora y a dormir.
Llega el día, 5 am y los ojos abiertos. Una muy mala dependencia a la tecnología, me di cuenta, lo primero que hago al despertar es buscar el celular con la excusa de ver la hora. Necesito comprarme un reloj, aunque sea de 5 dólares. Pasa el tiempo, me duermo y despierto. Prendo la computadora, le doy play a la música. Como ha pasado estos últimos tres meses, tomo la cubeta y la lleno de agua para bañarme. De nuevo la aflicción, pero ahora sí la sentía. Supe que no había cambiado mi estado de ánimo. Llego a la oficina quince minutos tarde, buenos días a todos y me pongo los audífonos pero ahora con un tipo de música ad hoc con la ocasión, música de funeral, el Requiem de Mozart.
He estado leyendo mucho eso de que el estado de ánimo, la felicidad y el cómo te sientas depende meramente de uno. Para comprobar esa teoría, luego de la música de muertos pondré merengue y salsa, haré ejercicio, compraré papas y Coca Cola, un chocolate para liberar dopamina y ver si todo eso ayuda. Pero la realidad es que no puedo esperar a que sea sábado porque me dijeron que nos vamos a La Pared a surfear, y aunque no tome una sola ola, el hecho de estar flotando, en silencio y con mis pensamientos, eso sí que me hace feliz.
YO
Los amigos…mis amigos
Hola gente de pensamientos no pensados ¿cómo están hoy? Les cuento que yo estoy muy feliz porque estoy en compañía de mis mejores amigos. La amistad, qué les puedo decir yo, la amistad para mí es mi credo, es mi religión, es mi fuerza interior, es mi santísima trinidad. Los amigos…los amigos son apoyo, los amigos te escuchan, los amigos son esas vocecitas que están ahí siempre rondándote y diciéndote qué hacer bien y que no hacer. A veces también de dejan hacer cosas malas, de vez en cuando. Comparten tu pasado y también guardan en el alma esos recuerdos que han sido parte de tu vida y de tu historia. Los amigos se vuelven familia. Quizá es la única relación que perdura, por eso está por encima del amor, porque con los amigos no tenemos desilusiones, no tenemos falsas expectativas. Ellos no nos rompen el corazón, al contrario, nos ayudan a repararlo. Mis amigos son únicos y me imagino que los tuyos también lo son por eso me gusta saber de historias, historias de amistad de esa gente que no conozco.
Con historias extraordinarias por escuchar…
YO