El Secreto

La luz del rayo iluminó las capas multicolores que estaban colocadas como personas paradas a lo largo del pasillo que conducía a su cuarto. Dentro, Walter yacía en la cama inmóvil mientras su familia, preocupada y esparcidos por el cuarto, esperando la decisión final que tenía Dios para él. Otro rayo cayó a unos 2 kilómetros de la casa en  el barrio Cupey Alto, el ruido estremeció la habitación como un pequeño sismo. Walter, levanta su cuerpo como si hubiera recibido un choque eléctrico y pegando un grito que dejó frío a todos, una visión le había llegado. Él sabía que esa era la señal que estaba esperando, las imágenes recorrieron su mente en cuestión de segundos. La familia, se acerca a la cama para ver qué pasó. Walter abre sus ojos y detenidamente observa a las personas que estaban con él. Se le queda viendo a su compañero, le pide que se acerque sin decir una palabra, solamente lo observa, él, con esa acción ya sabe qué le está diciendo. Camina lentamente hacia Walter y se inclina. Walter comienza a mover la boca sin que el movimiento de la boca genere palabras que se escuchen. El compañero entonces coloca su oído muy cerca de la boca de Walter y logra convertir en palabras los susurros de su visión.

Al escucharlo, la cara le cambia de color, la sangre le bajó del rostro dejando su tono pálido. Walter, con su último aliento le toca la cara diciéndole “Te lo encargo”. La electricidad se va, la casa queda completamente a oscuras, Walter acariciando el rostro de su compañero con la mano, se deja ir, su misión fue cumplida. La luz de los rayos dibujó su silueta tendida en la cama. Se nos fue dijo el compañero, las lágrimas comenzaron a escurrir por su cara, como la lluvia que descendía por las ventanas.

El compañero estaba sentado en el sofá color negro, desgastado donde uno descansa los brazos, el sofá donde Walter siempre se sentaba para ver la televisión. Las noticias en el canal 4 comenzaba con el tema del día, un chat donde el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones y miembros del Partido Nuevo Progresista estaban metidos en problemas, abusando de su poder y del pueblo que es siempre el que termina pagando por sus errores. Cuando escuchó esa noticia un frío recorrió todo el cuerpo, el recuerdo de las últimas palabras de Walter le resonaron en la cabeza y éstas le erizaron la piel.  Todo es verdad, carajo, ya ha comenzado, se dijo a sí mismo. Habían pasado un par de semanas desde que Walter estaba descansando en el Señorial Memorial Park.

El compañero de Walter, un hombre de 1.70 de estatura, traje negro con corbata del mismo color, el poco cabello que le quedaba estaba pintado de castaño claro y su piel blanca estirada por el cirujano. Las gafas para el Sol tipo aviador le cubrían la mitad de la cara, estaba acomodando las flores que estaban en el florero luego de limpiar la placa con el nombre de Walter. Viste cómo me vestí Walt, le dijo, de este modo no voy a necesitar mucho más arreglo, sonrió al comentarle esto. Sacó de la bolsa de la chaqueta el gato rojo, el gato que había comprado en esos primeros años de conocerse en su viaje a Japón. Lo colocó al lado del florero. Sabes, no te creí, pero parece que todo es verdad. Estoy cansado, te extraño. La vida no es igual y no tengo la energía de cumplir tu encomienda, es muy pesada. Siento mucho lo que le va a pasar a tanta gente, de verdad lo siento, pero no, no puedo hacerlo, le dijo con la voz entrecortada. Se limpió las lágrimas de la cara, se puso de pie, se besó la mano y tocó la lápida. Sacó la pistola que tenía guardada en la espalda. El ruido espantó los pájaros que estaban comiendo los insectos del césped. Walter y su compañero se habían reunido una vez más.

La metamorfosis

Han pasado casi 16 años desde que pisé suelo taíno. Mi primera experiencia en la isla fue pasar por McDonald’s y escuchar por la bocina del servicarro un balbuceo inaudible que me le quedé viendo a la persona que manejaba con un grito de auxilio en los ojos. Ella sin problema, acostumbrada al idioma, pudo entender todo lo que salió de esa bocina con lujo de detalle. Mi primera orden de servicarro fue realizada sin yo saber qué había pasado. Desde ese momento decidí que esto no iba a ser para siempre, que iba a ser una buena experiencia, o como finalmente fue, la mejor época de mi vida estar en esos mediados de los dos miles en la isla, pero sobre todo había decidido que no iba a perder mi mexicanidad por nada del mundo. Otra cosa que medité fue que no me iba a sumergir en  la cultura taína, bueno hasta cierto punto, quitando el perreo y las medallas que eran baratas.

Entonces pasaron muchos años que en mi vocabulario no existía las palabras taínas como jangueos, chinchorro, voceteo o el responder cuando me preguntaran, papi tú perreas? con un ACHO SEGURO, eso jamás. No fue hasta que me casé que me di cuenta que esos pocos años se iban a convertir en más de los pensados. Entonces decidí que iba a utilizar las palabras autóctonas con mi acento de Univisión. Me llevé un susto grande, luego de un viaje de visita a México que al regresar a isla grande: 1. Me sentí que había llegado a casa y 2. Tenía antojo de carne, arroz, habichuela y amarillos. Mis ojos se pusieron tan grandes al darme cuenta de lo que mi subconsciente estaba haciendo y deseando que me asusté, pero  en cierto modo me resigné porque aún escuchaba Futbol Picante y veía partidos de la selección.

Los varios años se volvieron resto de mi vida al nacer Gael y al llegar mi nueva nacionalidad taína, el librito color azul que me permite sacar mi permiso medicinal y votar por la estadidad en el 2024. Pensé que nada podía ser peor, hasta que llegó un mes sumamente estresante, con múltiples cambios simultáneos en todas las categorías, dirección, estatus, pareja, trabajo que por alguna razón, un día donde la ansiedad no podía estar peor, mi cuerpo pidió Arroz, Habichuela, Pollo, Amarrillos, Pernil y Yuca. YUCA. Al mi cuerpo pedir esa raíz hervida, con un toque de vinagre blanco, hoja de laurel, sal, pimienta, cebolla blanca finamente cortada mi metamorfosis y asimilación taína había culminado. Porque quién en su sano juicio agrega yuca a su plato.

Por alguna razón, estoy bien con el resultado. Esta comida está tan buena que Gael, que casi no come, ese día se jampió 4 platitos y hasta yuca pidió.

YO

Como en las películas de terror.

Por alguna extraña razón, los traumas infantiles me están saliendo ahora que soy papá. Esto viene, según mi psicóloga 100% recomendada, por esa necesidad de proteger a mi hijo de todo mal que pueda existir en el mundo exterior, el cual apenas está descubriendo. Uno de mis traumas es el miedo que tengo, un miedo que a veces me salen como ataques de pánico, por todo. Porque tengo colesterol alto, ahora ya me voy a morir del corazón y mi hijo se va a quedar sin padre. Porque hay un virus que no sabemos cómo puede afectar a los niños y algunos tienen reacciones como la enfermedad de Kawasaki. Miedo porque ya sale corriendo como loco por la calle y que un carro lo despachurre. Miedo porque hay mucha gente en la Plaza de Armas y él aún no se deja la mascarilla puesta y la gente adulta está con la mascarilla en barbilla o con la nariz por fuera. Entonces, este año decidí trabajar ese trauma, trabajarlo y superarlo.

Por la vejez y las levantadas temprano que hago por tener un bebé que se duerme a las seis de la tarde, procuro acostarme temprano. Por lo que la noche de anoche ya estaba en la cama a las ocho de la noche, mi nena también se había acostado y la novia estaba en una reunión nocturna fuera de la casa. Luego de bañar me voy a acostar, apago todas las luces de la casa, le pongo seguro a la puerta y me voy al cuarto.  Por vivir en Viejo San Juan y la pobreza, pues estamos en un departamento de dos cuartos por lo que el niño duerme en su cuna en nuestro cuarto. Entro al cuarto, cierro la puerta, el cuarto tiene cortinas que tapan completamente la luz de la ventana, por lo que al cerrar la puerta el cuarto es una boca de lobo. Me acuesto, me pongo los audífonos y decido ponerme a ver un capítulo de una serie, pero resulta que ese capítulo era medio tenebroso.

Estoy quedándome dormido, sin hacerle caso a la serie, cuando de repente escucho un ruido y la puerta del cuarto se abre sola. Yo, no mames, se abrió la puerta, mejor dicho quién abrió la puerta. A mi mente, como buen traumado que estoy, viene la serie tenebrosa, las películas de terror y los pendejos que cuando un ruido extraño suena en la casa, van como estúpidos a ver qué o quién está por ahí. Recorro en mi mente lo que hice, me bañé, apagué la luz, cerré la puerta ¿cerré la puerta de verdad? No mames ¿la cerré? Entonces recuerdo también que ya es el 2021 y que aún creo que el 2000 fue apenas hace unos días, pero también recuerdo que este año iba dejar mis pendejadas atrás. Así que tomo mis precauciones, voy a pararme, pero no voy a ser tan pendejo como los personajes de las películas que prenden su lámpara, yo no voy a llamar tanto la atención.

Por lo que en lugar de prender la lámpara del celular, solamente prendo la pantalla, para que sea una luz que no llame tanto la atención a ese intruso que está en busca de los millones escondidos debajo del colchón y que lo único que encontrará de valor es mi drone que me gané en la rifa del trabajo y la bocina bose de hace 4 años. Me quito la colcha de encima, camino por el lado de la cama hasta llegar a la puerta, con la luz del celular alumbrando mi camino, sigo al baño, meto primero la mano y luego asomo la cabeza, no hay nadie. Sigo por el pasillo a la cocina, vacía, al llegar a la sala, piso al chango del niño y pego un brinco, acerco el celular al piso y veo al mono, con los ojos grandes azules viéndome fijamente, me comienzo a reír por dentro  no mames, que susto. Reviso la puerta de la casa y estaba cerrada. De seguro no cerré bien la puerta y el viendo la abrió.

Este 2021, voy a resolver traumas pasados y si alguien trata de entrar a la próxima casa, debe saber que tendré mi celular en mano.

YO

Si hablaran.

Creo que han pasado casi 20 años desde que me sacaron de ese rollo. Recuerdo como me acomodaron en la pared, ya tenía una pega que era bastante babosa, algo como engrudo. Fueron colocándome desde el techo hasta casi el piso. Luego colocaron una madrea que me daba un mejor terminado. Creo que siempre me vi hermosa, era una princesa, mi color amarillo con mis lindas rallas en forma de columnas griegas. Me veía tan linda. Claro, ya han pasado 20 años y me he ido deteriorando un poco con el tiempo. Los niños me han pintado de muchos colores y luego, con un trapo mojado vuelvo a la normalidad.

Tengo un golpe, eso sí. Ese sí que me dolió, pero saben, prefiero tenerlo yo porque iba a ser un golpe fuerte. Lo recuerdo, yo creo que habían pasado como dos semanas desde que salí cuando de repente escucho la puerta abrirse, era una pareja de recién casados. Tenían esa chispa de emoción, ahora lo sé porque ya la he visto antes. Esta pareja era muy linda, creo que pasamos momentos muy buenos, en el centro pusieron un cuadro grande, creo que tenía un paisaje de la playa y debajo estaba un sofá. Yo estaba muy contenta porque ese adorno me gustaba, era muy lindo. Pero algo pasó con el tiempo. Una noche, me despertaron los gritos “Estoy aquí, mírame, estoy aquí” la vi acercarse, él estaba un poco desesperado, tocándose la cara y la cabeza con las manos, creo que estaba muy cargado. No lo vi venir, pero de repente se volteó y tiró un golpe, un puño que me hizo un hueco justo debajo del cuadro. Gritó que lo dejaran en paz y al verse la mano estaban rotos varios dedos, cogió su mochila y cerró la puerta tan duro que casi tumba el cuadro que tenía. No lo volví a ver, unos días después, al despertarme ya todo estaba limpio y mi hueco estaba sellado, pero blanco. Me dolió perder mi perfección.

No sé cuánto tiempo había pasado desde que todo estaba vacío, pero me despertó el agua fría que me echaron. Había gritos y alboroto por todos lados, niños corriendo, perro ladrando de tras de ellos y adultos limpiando y sacando cajas de un camión. Aún estaba medio modorra cuando esto pasó, pensé que era como un sueño pero al darme cuenta que había gente nueva me sacudí el polvo y me puse en posición de firmes, bien derechita y mostrando mi mejor cara. Debo admitir que me dejaron muy limpia luego de ese baño frío. Era una gran familia, eran muy felices. Estuvieron 4 años aquí, antes de que el perro se llevara la evidencia. En realidad es lo único que recuerdo porque estaba dormida cuando desperté vi al perro coger como un cuchillo del piso al lado del cuerpo y se la llevó. Nunca lograron encontrar a quién  lo hizo. He visto en la tele que al parecer una persona tocó la puerta, y el que vivía aquí abrió pero inmediatamente intentó cerrarla cuando vio a quién estaba afuera, con una patada logró tirarlo y se le abalanzó con esa cosa, cuchillo, fierro, no sé y después salió corriendo. La familia se había ido de la casa, creo que a visitar a los abuelos. Intenté ayudar, hice marcas de humedad que parecía cuchillos, otras como un perro. Nunca aprendí a dibujar bien, siempre perdíamos en ese juego.

Ahora, soy de color azul como el cielo, extraño mis rayas en forma de columnas. Pero bueno, hay que estar abiertos al cambio, hay que estar preparados porque es lo único que es seguro, todo cambia y yo también. Eso es dice mi amiga la puerta, que después de esa patada, cambió de no tener entrada para perro, tener entrada para perro.

Historia de superación.

Te la voy a contar a ti porque no tengo a nadie que sepa le pueda interesar esta historia sólo por venir de mí. Hoy me quedo solo en San Juan de viernes a lunes y por eso quería tener una tarde de pizza, alitas y Netflix como en los viejos tiempos, esos tiempos Hatoreyanos. Ya eran las 4.30 PM, me acababa de bañar y estaba emocionado por lo que vendría. Busco el número de teléfono de Dóminos Pizza en Viejo San Juan y por alguna razón nada aparece en internet. Al parecer no sobrevivió la pandemia y cerraron esa sucursal. Entonces digo “bueno, no es que me encante las pizzas de Pizza Hot, pero pizza es pizza” así que abro google maps y busco donde está ubicada Pizza Hot en la calle Fortaleza. Selecciono el pin y le doy clic al número de teléfono. Ring, Ring, el número que usted marcó está fuera de servicio. Pienso que puede ser un error, vuelvo a intentar… “NOOOOOO (imagen jalándome los pelos) No mames ¿en serio me voy a quedar sin Netflix y Pizza y debo cambiar a Netflix and Chill?” camino de un lado a otro preocupado por mi destino, pensando en cuánto quería tener este día, este día mío, este día lleno de nostalgia pasada de tiempos que no regresaran. Me viene a la cabeza Papa John’s, cómo carajo se me había olvidado la mejor pizza de las pizzas en cadena del mundo. Emocionado busco la sucursal de Miramar, “Si, quiero delivery para Viejo San Juan, por favor una pizza de pepperoni y champiñones mediana con alitas pequeñas” después de 50 minutos la tengo en mis manos.

Y es así como uno nunca se deja vencer y hace realidad su sueño cueste lo que cueste y aunque sea caro. 25 dólares de  caro.

Yo

Nacionalizando el espíritu

Ya ha pasado un año y 4 meses desde que llegó al planeta y 4 meses desde que su vida dio un giro hacia el Nirvana y ya cuenta con papeles que lo ratifican como un mexicano hecho y derecho. Es por eso que decidí culturizarlo porque algo me decía que se le estaba olvidando ese pequeño detalle, su mexicanidad.

No es el comer chile lo que te hace ser mexicano mexicano, sino conocer y apreciar la música que hace hervir la sangre de emoción a cada uno de esos 130 millones y uno de personas con la misma descendencia. Es por eso que el día de hoy, cuando ya había terminado de desayunar, y estaba bastante atento a lo que yo le decía decidí comenzar.

-¿Quieres escuchar música? Le pregunté,  moviendo la cabeza me dijo que “simón apá, pos claro que sí manito” por lo que comencé. -Mira esto es música de Banda y es ni más ni menos que El Gran Combo de las bandas, Banda el Recodo-La mejor de todas. Le puse un minuto completo y la cuchara y el carrito eran más interesantes que ese ritmo armónico.

– Bueno, te voy a poner Mariachi. Abro Spotify de nuevo y busco El Mariachi Loco. Al escuchar la música me levanto a bailar y cantar, Él se ríe pero no se mueve, no le dice nada esa canción y no hace que el corazón bombee más sangre solo por escucharla, como a mí. Entonces la quito. – Esto sí te va a gustar, esto es Norteño. Así que busco Calibre 50 y le pongo Siempre te voy a Querer, un rololón. Le subo el volumen para que lo sienta de verdad verdad, pero se me queda viendo con una cara de extrañado que decido apagar la canción al segundo 20. –Ok, esto no es tan mexicano pero es tex-mex ya verás que está chida. Así que subo el volumen y por la bocina Bose de 10 mil pesos comienza a salir “y todo para qué, todo para qué, para qué tanto amor” de Intocable. Le quito la cuchara que tenía en la mano y la uso como micrófono para cantar a todo volumen esa joya musical.

Cuando le iba a preguntar que qué le había parecido este repertorio musical, un carro pasa por la calle con la música a todo volumen. Lo que sonaba era Safarea, pero el problema no es que fuera esa canción sino que estaba en el minuto 3.40 donde el dembow está a su máximo. Volteo alterado a verlo,  con una cara de preocupación donde pienso “esto se jodió” ……. lo veo bailando, moviendo ese cuerpito, con las manos al lado del cuerpo y moviéndose de un lado a otro sentado en su silla para comer.

Bajo la cabeza en total resignación. Y volteo a verlo y le digo “es verdad, está cabrona la canción, y tú naciste en el Viejo San Juan, al lado de La Perla”.

Espero tener mejor suerte con el Fútbol.

YO

Escape.

3346Luego de la pandemia y que cuatro quintas partes de la población mundial muriera a causa del virus, el planeta quedó más saludable que nunca, pero los seres humanos no.

La esclavitud regresó, pero ahora no sólo era de blancos a negros, era del más fuerte al más débil. Sin agua potable, sin luz eléctrica, sin capitalismo y globalización, en el año 2045 la tierra había vuelto al pasado, a la época de las cavernas. Tal y como Darwin lo había escrito en su libro Selección Natural.

Hoy avancé otro milímetro, espero poder terminar a tiempo, antes que sea yo el siguiente. Con la lima que se escondía en lo que en el pasado se conocía como Nike, todos los días, cuando no estaba siendo vigilado limaba la cadena que le impedía moverse libremente. Él era uno de los 30 esclavos que estaban atrapados en la ciudad de nueva Galicia, bajo el mando de un  un redneck republicano  que tenía 17 años cuando fue a protestar con su chaleco antibalas y su rifle de asalto.

Lo habían encontrado merodeando la ciudad buscando comida junto con su novia cuando una lo detectaron y lo llevaron junto con el resto de las personas encadenadas. De esto hace un año y es desde entonces que está rompiendo la cadena.

Al cumplirse 14 meses, logró romper la cadena y separarse del poste. se escurre por la noche en las calles de la ciudad, encontrando un guardia que logra desarmarlo y dejarlo inconsciente. Le quita el arma, la cuchilla, la granada de expansión y un juego de llaves. Regresa y con la cuchilla logra abrir el candado de la novia. Les deja la cuchilla al resto del grupo. Van al lado contrario donde saben que las guardias son escasas y se meten al bosque. Espera, debo hacer algo antes. Pero no a dónde vas. Espérame aquí, si no regreso en 10 minutos vete.

Sale corriendo, y lleva consigo la granada. Ve el almacén y  tira la granada. Una especie de juegos pirotécnicos aclaran la noche. Qué hiciste le pregunta ella, Nada, vamos. Se pierden dentro de la oscuridad.

 

Yo.

Frente al reflejo

WhatsApp Image 2020-05-05 at 8.53.47 PMLuego de varios minutos pensando, alejada de todo lo que quería, voltea hacia enfrente y se ve, ve su imagen fijamente en el espejo. Respira profundo, ve sus lágrimas cayendo por las mejillas, se las seca a duras penas. Da un golpe con ambas manos en el lavabo suspira profundo y decide salir.

Toda la familia estaba reunida. Ella estaba confundida, no tenía idea de lo que iba a pasar después de que diera la noticia. Qué iban a pensar de ella. Ese siempre había sido su problema, el tener en cuenta el pensamiento de la gente. Esa idea de que las personas pensaran cosas que no son, o le tuvieran lástima o la criticaran por lo que hace, siempre le jugaba en contra.

Cierra la puerta del baño detrás de ella, no suelta la perilla de la puerta. Se queda un par de segundos ahí. Al entrar a la sala están todos, no falta nadie de la familia. Juan no había llegado y tampoco lo haría Ella lo sabía.

Se sienta en el sofá de la esquina, todos los adultos están hablando y los niños jugando con el celular, la más grande herramienta jamás inventada para la paternidad. Ve a su alrededor y ve sus piernas, están temblando, no paran, eso no le pasaba desde que había sufrido ese ataque de ansiedad en la secundaria cuando había reprobado el último examen que le permitiría entrar a la mejor preparatoria de la ciudad.

La comida estaba lista, uno a uno van pasando al comedor. El pavo, tostado y con gran olor se encuentra en el centro de la mesa. El abuelo Jacinto se sienta a su izquierda y su hermana Ruth  una silla después a su derecha. Ella quería irse a la mesa de los niños, solo para seguir retrasando  el anuncio. Como todos los años, en el mes de Noviembre,  la tía julieta es quien hace la oración y los agradecimientos del año que está por terminar. Así que sirvieron los platos, y esperarón.

Mi mamá decidió que mi esposo, mejor dijo ex esposo era un buen sustituto para mi papá. Papí, Karla ni Juan van a venir a sentarse a la mesa y comerse estos platos. Es mejor que comencemos a comer nosotros, que se nos enfría.  Sin dar más explicaciones, comenzó a comer. Los otros, sorprendidos y boquiabiertos vieron cómo lo hacía.

YO

 

Entre Adamantium y Percocet

El hueso está pegado, luego del proceso quirúrgico el adamantium quedó en su lugar, cubriendo el hueso metacarpiano, convirtiéndolo en indestructible. La imagen de Logan me vino a la mente. Él en un laboratorio rodeado de científicos militares, acostado doblándose del dolor mientras le inyectaban el metal.

Eran las 8:15 cuando estaba acostado en la camilla con la bata y nada más que eso, un gorro para el pelo y unas telas azules cubriendo los calcetines. Esperando en el pasillo. Una de las científicas me toma del brazo y coge mi mano para inyectarme una sustancia líquida transparente. “Necesito tu mano buena” me dice con rudeza, sin pensarlo me mete la aguja, maniobra, la mueve sin piedad hasta que la sustancia comienza, gota a gota a entrar por mis venas, las siento como éstas se fusiona con la sangre.

Otra mujer con bata blanca, parecía científica también, me levanta la mano rota y remueve el retenedor sin ningún cuidado. La mano inflamada, con los dedos curvos y con un olor fétido aparece y cae sobre la camilla. Ella comienza a limpiar la zona de la mano con alcohol y gasas, mientras yo estoy cerrando los ojos y apretando los dientes con cada pasada de la gasa mojada por la mano. “Se debe inyectar en esta mano también” me deja saber. Ella, con más cuidado que la anterior, comienza a buscar la mejor vena para su propósito y me pica una, dos y tres lugares distintos sin éxito.

“Lo voy a tener que picar en sala” le dice al de bata blanca e inmediatamente la camilla comienza a moverse. Un cuarto oscuro y frío con una luz brillante y potente en el centro del cuarto aparece. La camilla se detiene debajo de la luz. Colocan la mano sobre una bandeja, 5 personas rodean la camilla y me pasan a la cama. El de la bata blanca toma las agujas de la bandeja y comienza a manipular la mano, con cada piquete en la mano reacciono con gran dolor arqueando la columna como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Dos o tres veces lo intenta hasta que mi vena no puede más y por fin cede. Una aguja con otro líquido blancuzco entra por debajo del brazo derecho. Siento choques eléctricos que recorren desde el hombro hasta la punta de los dedos, es ahí cuando comienzo a temblar sin parar. Aunque cintas negras atravesaban mi cuerpo de un lado a otro asegurando que no escape, el movimiento de las piernas temblando se notaba. Una de las personas me sobaba el brazo y me repetía “respira profundo, respira profundo”. Cubren el brazo malo, colocan una barrera y no logro verlo. Entra el encargado del proyecto y se sienta frente al brazo. Trae consigo las partes robóticas, el metal que remplazará mis huesos y los hará indestructible. Adamantium leía la etiqueta. Tornillos, taladros, martillazos es lo que logro escuchar entre sueños y las drogas.

Despierto en usa sala blanca iluminada “quedó bonito el trabajo” es lo único que me dice el jefe mostrándome una foto de rayos x con los metales que ahora forman mi mano.

Desde entonces veo mi mano y me concentro para sacar las garras de metal como Wolverine pero sin éxito. comienzo a pensar que eso debe ser el efecto de las Percocet 512 que juegan conmigo…

YO, Logan Llamas

Enseñando cultura…

Ya son 4 meses y 8 días y decido que llegó el momento de que aprenda cultura taína porque él lo es. Va a ser educado con las costumbres de esta isla, no puede ser de otro modo, para ser mexicano hay que vivir en México, así como para ser un verdadero taíno hay que criarse en la Isla. Sabemos que no es lo mismo los Taínos de NY como no es lo mismo los Aztecas de California. No será como esos que se creen españoles y nunca han ido a España. Así que no podía ser un mejor día para la cultura que el día de hoy, ser domingo y una casa que necesitaba limpieza.

Recordé que una de las tantas costumbres de la isla es limpiar con música, pero debe ser cierto tipo de música y artista, esa parte no me acordaba. Recordaba que decían “cuando mami prendía el radio y ponía a X artista era hora de limpiar. Por lo que decidí hacer una encuesta rápida. Me dijeron de Ednita Nazario, Olga Tañon, Giselle y una tal Milly Quezada como había una gran variedad de artistas a escoger, y ninguno conocía, pues puse a Juan Luis.

Así comenzó mi enseñanza, coloco al bebé en su mecedora y comienza a sonar la bilirrubina en vivo mientras él en su mecedora, con las manos en la boca y las babas escurriendo ve a su papá con la escoba, barriendo al ritmo del merengue. Mientras barro, bailo con la escoba, doy vueltas, sigo bailando, él sonríe y comienzo a trapear, pero ahora a ritmo de una bicicleta y el Niagara. Tratando de hacer el paso básico de bachata con el trapeador color morado, él vuelve a sonreír. Después de esa segunda sonrisa supe que había comenzado la educación, la tainonización de este bebé Viejo San Juanero.

Estoy seguro, que, si dios lo permite y es limpio como su padre, pondrá música de Luis mientras limpia su dormitorio o departamento cuando esté en la UNAM.

YO