La luz del rayo iluminó las capas multicolores que estaban colocadas como personas paradas a lo largo del pasillo que conducía a su cuarto. Dentro, Walter yacía en la cama inmóvil mientras su familia, preocupada y esparcidos por el cuarto, esperando la decisión final que tenía Dios para él. Otro rayo cayó a unos 2 kilómetros de la casa en el barrio Cupey Alto, el ruido estremeció la habitación como un pequeño sismo. Walter, levanta su cuerpo como si hubiera recibido un choque eléctrico y pegando un grito que dejó frío a todos, una visión le había llegado. Él sabía que esa era la señal que estaba esperando, las imágenes recorrieron su mente en cuestión de segundos. La familia, se acerca a la cama para ver qué pasó. Walter abre sus ojos y detenidamente observa a las personas que estaban con él. Se le queda viendo a su compañero, le pide que se acerque sin decir una palabra, solamente lo observa, él, con esa acción ya sabe qué le está diciendo. Camina lentamente hacia Walter y se inclina. Walter comienza a mover la boca sin que el movimiento de la boca genere palabras que se escuchen. El compañero entonces coloca su oído muy cerca de la boca de Walter y logra convertir en palabras los susurros de su visión.
Al escucharlo, la cara le cambia de color, la sangre le bajó del rostro dejando su tono pálido. Walter, con su último aliento le toca la cara diciéndole “Te lo encargo”. La electricidad se va, la casa queda completamente a oscuras, Walter acariciando el rostro de su compañero con la mano, se deja ir, su misión fue cumplida. La luz de los rayos dibujó su silueta tendida en la cama. Se nos fue dijo el compañero, las lágrimas comenzaron a escurrir por su cara, como la lluvia que descendía por las ventanas.
…
El compañero estaba sentado en el sofá color negro, desgastado donde uno descansa los brazos, el sofá donde Walter siempre se sentaba para ver la televisión. Las noticias en el canal 4 comenzaba con el tema del día, un chat donde el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones y miembros del Partido Nuevo Progresista estaban metidos en problemas, abusando de su poder y del pueblo que es siempre el que termina pagando por sus errores. Cuando escuchó esa noticia un frío recorrió todo el cuerpo, el recuerdo de las últimas palabras de Walter le resonaron en la cabeza y éstas le erizaron la piel. Todo es verdad, carajo, ya ha comenzado, se dijo a sí mismo. Habían pasado un par de semanas desde que Walter estaba descansando en el Señorial Memorial Park.
El compañero de Walter, un hombre de 1.70 de estatura, traje negro con corbata del mismo color, el poco cabello que le quedaba estaba pintado de castaño claro y su piel blanca estirada por el cirujano. Las gafas para el Sol tipo aviador le cubrían la mitad de la cara, estaba acomodando las flores que estaban en el florero luego de limpiar la placa con el nombre de Walter. Viste cómo me vestí Walt, le dijo, de este modo no voy a necesitar mucho más arreglo, sonrió al comentarle esto. Sacó de la bolsa de la chaqueta el gato rojo, el gato que había comprado en esos primeros años de conocerse en su viaje a Japón. Lo colocó al lado del florero. Sabes, no te creí, pero parece que todo es verdad. Estoy cansado, te extraño. La vida no es igual y no tengo la energía de cumplir tu encomienda, es muy pesada. Siento mucho lo que le va a pasar a tanta gente, de verdad lo siento, pero no, no puedo hacerlo, le dijo con la voz entrecortada. Se limpió las lágrimas de la cara, se puso de pie, se besó la mano y tocó la lápida. Sacó la pistola que tenía guardada en la espalda. El ruido espantó los pájaros que estaban comiendo los insectos del césped. Walter y su compañero se habían reunido una vez más.
Luego de la pandemia y que cuatro quintas partes de la población mundial muriera a causa del virus, el planeta quedó más saludable que nunca, pero los seres humanos no.
Luego de varios minutos pensando, alejada de todo lo que quería, voltea hacia enfrente y se ve, ve su imagen fijamente en el espejo. Respira profundo, ve sus lágrimas cayendo por las mejillas, se las seca a duras penas. Da un golpe con ambas manos en el lavabo suspira profundo y decide salir.